Estamos intentando tener un segundo hijo. Es algo que no debería contar porque como que lo gafa y le añade presión, supongo, pero lo cuento porque tengo un plan y es el siguiente:
- Intentar tener un hijo durante seis ciclos (ahora mismo vamos por el segundo).
- Si no me he quedado embarazada, valorar mi estado mental. ¿Me he convertido en una loca obsesionada por las tiras de ovulación? ¿Está mi vida detenida en un Limbo Preconcepcional del que necesito salir? ¿O, por el contrario, me encuentro bien, tranquila y contenta de tener una Semana Oficial del Sexo todos los meses y no me importa seguir intentándolo?
- Si estoy bien, probar otros seis meses y pasar al punto cinco.
- Si estoy locaza, ir directamente al punto cinco.
- Se acaban los intentos de procreación. Pablo se hace una vasectomía. Seguimos con nuestras vidas.
¿Por qué este abordaje racional y cuasi-clínico de la situación? ¿No sería mejor «dejar que las cosas fluyan, y que sea lo que tenga que ser?
Yo sé que hay gente que fluye. Que tiene sexo y ya está, y de repente un día está embarazada y ni se había dado cuenta de que le tenía que venir la regla.
En mi caso es imposible porque me he tomado la Píldora Roja de la Conciencia Procreadora, que es un término que me acabo de inventar y que significa que sé cuáles son mis días fértiles y cuando me tiene que venir la regla. Esa información no la puedes olvidar. Es literalmente imposible para mí tener sexo y no saber exactamente si ese mes podría o no estar embarazada.
Si no estoy previniendo de forma activa un embarazo, estoy en el Limbo Preconcepcional, y el Limbo Preconcepcional es lo peor.
¿En qué consiste?
Fase 1: la regla
La primera semana tienes la regla y eso significa que no estás embarazada, por lo al principio puedes ponerte un poco tristona.
Pero si eres como yo, te sobrepones y piensas: «¡otro ciclo = otra oportunidad! ¿Qué puedo hacer este mes?». Compras un nuevo suplemento y te pones calcetines para dormir, que la medicina china dice que es bueno para la fertilidad. Cruzas los dedos y esperas.
Fase 2: tus cinco días al mes de vida normal
En este momento, no estás embarazada, no tienes la regla y tampoco eres fértil, así que puedes, más o menos, hacer tu vida. Una parte de ti sigue pensando en cómo aumentar tus posibilidades: tomas más suplementos y comes bien para que tu cuerpo sienta que vives en la abundancia pro-bebés, pero en general estos son los cinco mejores días del mes.
Fase 3: la maquinación sexual
Tu ovulación se acerca y tú empiezas a calcular cómo os vais a organizar para el sexo. Tenéis una hija y no es tan fácil: habrá que hacerlo por las mañanas, mientras está en la guardería pero, ¿y si cae en fin de semana? Para ti lo ideal es el sexo madrugador matutino, pero tu marido lo odia. El sexo nocturno tiene menos probabilidades de fecundarte. ¿Y llamar a la canguro para que se lleve a la niña al parque?
Mientras maquinas, empiezas a acechar a tu maromo. «¿Estás preparado?». Él te mira sin tener la más mínima idea de qué estás hablando, hasta que se acuerda: ah, sí, lo del hijo. Suspira, pero al mismo tiempo se alegra porque después de todo, ¡SEXO!
No solo eso: sexo fácil. Sexo en el que puede acercarse a ti sin haberse duchado en tres días, con calzoncillos de abuelo y los calcetines puestos, que tú le saltarás encima como si fuera Maxi Iglesias.
Fase 4: la Semana Oficial del Sexo
Aquí hay de todo: polvos espectaculares que te hacen pensar que oye, después de todo no está tan mal lo de intentar concebir, y otros en los que lo que quieres es dormir, o leer, o prepararte un sándwich, y te sientes culpable por la poca poesía que le estás poniendo al asunto.
Cuando, por fin, confirmas que has ovulado y que ya no podéis hacer más este mes, se lo dices a tu marido. Secretamente, suspiráis aliviados y volvéis a vuestra lamentable frecuencia sexual de pareja casada que, después de todo, es la mar de cómoda.
Fase 5: La espera
Ahora ya solo te queda esperar. Te haces amiga online de mujeres desconocidas que comparten demasiada información sobre su moco cervical. Miras fijamente tu app de fertilidad esperando que te dé alguna pista. Deseas que el día que os quedasteis fritos en plenos preliminares le hubierais puesto más ganas al asunto, porque SEGURO que ESE era el día en que tu óvulo rodó trompas de falopio abajo en todo su glorioso esplendor.
La espera, al menos, no requiere de ti nada más que... esperar. Y tarde o temprano se acaba. Si estás embarazada, empieza otro catálogo de miseria humana que, al menos, es distinto. Si no lo estás, vuelta a la casilla de salida.
Con Alana tuvimos suerte y el Limbo Preconcepcional fue breve, pero ahora tengo treinta y siete añazos y poca paciencia. Si no me voy a quedar embarazada, prefiero centrar cuando antes mi energía en la iluminación, el Pulitzer y tener hombros como cabezas de bebé. De ahí mi plan pim-pam-pum en cinco pasos y mi despreocupación al compartir esto con vosotros.
Ahora mismo estoy en la fase de espera: a entre tres y seis días de saber si me he quedado o no embarazada. Tengo montones de síntomas aunque es físicamente imposible tener síntomas a estas alturas, así que me he resignado a que mi tendencia a somatizar me confundirá a menudo en este proceso.
Ya os contaré.