Mira tu cuerpo como si fuera la primera vez que lo vieras. La manera en que tus pies y tus piernas mantienen el equilibrio sobre la pequeña superficie de tus pies. Las complejas pinzas de las manos, los cinco dedos desiguales rematados por uñas insensibles. MĂrate como si fueras un crustáceo enorme y, con asombro, contempla los movimientos coordinados y cuidadosos de tus miembros.
Mira el mundo como si fuera la primera vez que lo vieras. La forma caprichosa en que se distribuye la tierra sobre el agua. Los continentes, cercando los mares y mirándose desde las orillas de los ocĂ©anos. Piensa que podrĂa haber sido de otra manera, que las orogenias y los terremotos podrĂan haber colocado lo sĂłlido y lo lĂquido de cualquier otra forma. España es una isla. La bota de Italia ahora es un brazo, o un pez, o una enorme llanura en medio de la tundra.
Mira la Historia como si fuera la primera vez que te la contaran. Piensa que todo lo que ha pasado, todo, desde la caĂda del Imperio Romano hasta los atentados del 11 de Septiembre, no es más que una posibilidad entre miles, la consecuencia lĂłgica de acontecimientos que muchas veces son producto del azar. Cuatro de los cinco hermanos de Hitler no llegaron a adultos. Quizá la Armada habrĂa sido Invencible si ese dĂa hubiera brillado el sol. Piensa en tu paĂs, tu lengua, tu ropa, tu sistema de gobierno, y toma conciencia de cĂłmo te alzas sobre los cadáveres de los millones de hombres y mujeres que vivieron antes que tĂş.
Mira tu vida como si fuera la primera vez que pensaras en ello. PodrĂas haber escogido otra carrera, otra pareja, otra ciudad. Cada dĂa tomas caminos que cierran todos los demás, por cada cosa que haces pagas el precio de todo lo que dejas de hacer. Siente cĂłmo crujen tus huesos bajo el peso de todas las vidas que no estás viviendo.
Abre los ojos. Mira a tu alrededor. AsĂłmbrate del mundo.