Voy a escribir hoy el post de San ValentĂn; no por nada, sino porque la mayorĂa lo leerĂ©is mañana, asĂ que pega más.
El amor. Llevo un rato en el blog de J., leyendo sus entradas. La teorĂa del camping dicta que este San ValentĂn me he de acordar de Ă©l, aunque ya haga casi dos años desde que lo dejamos. Leo los posts que hablaban de mĂ; son pocos y están escondidos, redactados en una clave que no sĂ© si alguien que no seamos Ă©l y yo entenderĂa. Pero yo los conozco y los recorro aprovechando el nuevo diseño de su blog, y me doy cuenta de que a su manera Ă©l tambiĂ©n hizo un álbum, que tambiĂ©n en sus palabras yo he dejado mi huella. Hace un tiempo releĂa nuestros mails y me asombraba: no recordaba que nos quisiĂ©ramos tanto. No recordaba que Ă©l me quisiera tanto a mĂ. Es el tema de la solterĂa: pasa el tiempo y se te empieza a olvidar el milagro de enamorar a alguien.
No sabĂa muy bien quĂ© escribir hoy, asĂ que me estoy dejando llevar. San ValentĂn no me disgusta ni siquiera soltera. Deprimirse por un dĂa al año me parece absurdo. Uno podrĂa deprimirse mejor por todos los demás dĂas: por todas las mañanas solitarias o todas las noches abrazado a la almohada. Pero un dĂa es un dĂa y pasa deprisa, y nadie se cree del todo la historia de los corazones rojos y los angelotes gordos cargados de flechas. Nunca quise estar en el lado de la mujer amargada y sola que mira con envidia a las parejas y come chocolate mientras ve comedias románticas. Me parece triste, pero no por estar sola, que es digno, sino por estar sola suspirando por esa felicidad supuesta y sĂşbita de un dĂa al año.
A mĂ me tocan cĂnicos casi siempre, asĂ que nunca he tenido un novio que realmente realmente se tomara en serio lo de San ValentĂn. Lo mejor que me han regalado fue la foto de arriba: un collage que me hizo J. el primer año que pasamos juntos. Somos dos coches bajo un paraguas. A J. le encantan los coches: siempre que Ăbamos por la calle me preguntaba "¿te gusta Ă©ste?", y yo le decĂa que no, que los coches me la pelaban (yo y mi dulzura), y Ă©l me decĂa que me iba a comprar un Aixam y se reĂa imaginándome toda chiquita con mi coche sin carnet. Lo del paraguas es por una canciĂłn de George Brassens que hablaba de una chica que iba con un paraguas y un hombre que se acercaba y lo compartĂa con ella.
Y el estribillo decĂa
Un p'tit coin d'parapluie
Contre un coin d'paradis
Elle avait quelque chos' d'un ange
Un p'tit coin d'paradis
Contre un coin d'parapluie
Je n'perdais pas au chang', pardi
Algo de la esquina de un paraguas como una esquina del paraĂso. La canciĂłn es dulcemente romántica. Más adelante dice: habrĂa querido que lloviera cuarenta dĂas y cuarenta noches, como en el diluvio, para guardarte bajo mi paraguas. A mĂ me recordaba a J., igual que Una estona de cel (un rato de cielo), de Els Pets, porque para mĂ Ă©l siempre fue algo asĂ. No un amor grande, absoluto a inhumano, como el que me poseĂa cuando estaba con MQEN, sino más bien una cosa pequeña, tierna, casi cutre. Algo muy muy imperfecto, pero nuestro: una esquina de paraguas donde cabĂan nuestras dos cabezas juntas, aunque los pies se nos estuvieran mojando y en realidad quisiĂ©ramos llegar a casa y tomar algo caliente.
No sĂ© si es triste o normal andar acordándome de J. en San ValentĂn, dos añazos despuĂ©s de haberlo dejado con Ă©l. Pero bueno: es. Lo curioso es que no deja de ser una mejora respecto al año pasado. Entonces escribĂ esto, y lo que querĂa decir era que debajo de muchos rituales se esconde un pánico tremendo a perder lo que tenemos. Este año ya no encuentro en mĂ esa amargura y se me ha ido un poco del dolor del amor: soy capaz de pensar en J. y en los dĂas de San ValentĂn bonitos, no en los feos.
Al final no se trata de estar con alguien en SV. Se trata de mirarte el corazĂłn y saber que no está dormido. No sĂ©. Ha habido algo de amor en mi vida este año. Quizá más bien sucedáneo de amor, pero oye; las huevas de lumpo no son caviar y están bien ricas. Estoy agradecida por eso. Por haber tenido la oportunidad de querer y conocer a gente nueva en sus detalles tiernos. El Ăşltimo dĂa que pasĂ© en casa de IA Ă©l tenĂa que irse a trabajar temprano y mi tren salĂa al mediodĂa. PasĂ© la mañana en su casa recogiendo mis cosas, duchándome y escribiendo algo en su ordenador para que pudiera leerlo cuando me fuera. Y miraba sus cosas. Tan solas sin Ă©l, tan quietas y, sin embargo, tan llenas de su vida. Sus zapatillas Salomon y sus chanclas en el suelo del baño. Los libros gruesos que habĂa colocado bajo la pantalla del televisor para ponerla más alta. Un sobrecito con fotos de carnet encima de la estanterĂa. Toda esa vida que seguirĂa sin mĂ cuando me fuera. Y creo que Ă©l sabe que me esforcĂ© en conocerle, en intuirle lo suficiente como para llegar a quererle un poco.
Y ahora... bueno, ahora no me gusta nadie más que los ojos sonrientes de DDM cuando se encuentran con los mĂos y me parece que le conozco de otra vida. Pero Ă©se es un amor casi platĂłnico de puro perezoso. Por lo demás, nada. Y casi mejor disfrutar de esta calma y esta libertad, que cuando menos te lo esperas la vida te sacude en el sentido en que sacude un boxeador a otro hasta dejarle KO. Al fin y al cabo, tambiĂ©n los abrazos son efĂmeros, y si hay algo peor que dormir sola es dormir con alguien que te hace sentir, como decĂan Fito y Sabina, dos veces solo.
Moraleja: San ValentĂn no es nada más que lo que haces con Ă©l. Yo he tenido muchos. Alegres en pareja, tristes en pareja; alegres en solitario, tristes en solitario. Y la verdad es que si rebusco en mi memoria. el mejor dĂa de San ValentĂn a lo mejor es aquel en que metĂ la mano en mi pupitre y me encontrĂ© una hoja de papel doblada muchas veces en el que ponĂa, textual: "tĂa buena, maciza, con tu culo me ignotizo" (ortografĂa original). Porque lo mejor de SV es la esperanza de que pasen cosas; de que te puedas encontrar una tarjeta hortera en tu bandeja de entrada y por lo menos sonrĂas un poco. Y ojo, yo puedo no ser muchas cosas, pero soy brutal, espectacular, absurdamente optimista.
