massobreloslunes: 01/28/11

viernes, 28 de enero de 2011

Él no pidió nacer


A mĂ­ en el curro me tendrĂ­an que poner un compasiĂłmetro. Un aparatito rollo como los que salen en las pelĂ­culas que miden, quĂ© te digo yo, los niveles de radiactividad del entorno para ver si es peligroso. El compasiĂłmetro medirĂ­a mis niveles de compasiĂłn y el riesgo que hay que que abofetee al paciente que tengo delante en plan: "¡Plas, plas! ¡Reacciona!".

Me revientan especialmente los niveles de compasión las madres y padre de los niños. Porque los pacientes adultos, pues a ver, quién más y quién menos es medio responsable de su vida y ha tenido polvos con los que buscarse esos lodos. Pero los críos me dan penita. Esos niños a los que traen a consulta porque "se portan fatal", cuando resulta que a su alrededor no hay normas, ni tranquilidad, ni una rutina adecuada, ni estímulo positivo, ni nada en absoluto.

Yo no sé qué tipo de madre sería, y probablemente cometería mis fallos, como todo el mundo. Pero, aun así, me atrevería a apuntar unas cuantas normas básicas que mejorarían mucho la educación de cualquier niño.

1) Si refuerzas a un niño, no le digas: "¿ves lo bien que lo haces cuando quieres?" Eso no es refuerzo, es una crĂ­tica. Le estás dando a entender que hasta ahora no lo hacĂ­a bien porque no querĂ­a, y seguramente no lo hacĂ­a bien porque no sabĂ­a o no podĂ­a.
Otros ejemplos de crĂ­tica disfrazada de refuerzo:
- "Muy bien, a ver si no lo haces mal la prĂłxima vez".
- "Hombre, por fin, ya era hora de que me hicieras caso".
- "Hoy te has portado bien, pero con un dĂ­a no vale, lo tienes que hacer siempre".

Pues como esas, todo el rato, todos los dĂ­as, en la consulta enfrente de mĂ­. Y yo sentada encima de mis manos para no empezar a repartir hostias como panes.

2) "Es que este niño me pone de los nervios". A ver, vamos a ser claritos. Si un niño de seis, siete, ocho o nueve años te pone de los nervios, no haberlo tenido. De los nervios te pones tú. Aprende a controlarte y probablemente el niño también aprenda a controlarse.

Yo entiendo que tener hijos tiene que ser muy duro. Vale, pero es que nadie te obligaba. Así que si tienes ansiedad, estás sobrecargado o no puedes con el asunto, apúntate a yoga o vete a meditar. No lo pagues con tu hijo y me pidas que lo entienda.

3) Sí, por raro que te parezca, el agente de cambio en la vida de tu hijo debes ser tú. Ni yo, ni su profesor, ni su orientador, ni Pocoyó, ni nadie: tú, porque eres su modelo, la persona que pasa más tiempo con él, quien más le importa, quien mejor le conoce. Así que deja de delegar y ponte las pilas.

4) Puedes tener charlas con tu hijo hasta que se te seque la boca, pero hasta que el niño no entienda que sus acciones tienen consecuencias claras y no te vea a ti como un modelo a seguir, no va a cambiar absolutamente nada.

5) Nociones básicas sobre cómo funciona un psicólogo, volumen uno: el psicólogo no llega, charla con el niño y le arregla la cabeza (véase punto 4). El psicólogo te dará pautas que tienes que aplicar tú. Y aplicarlas requiere esfuerzo y constancia. No me vale que pases del tema y luego me vengas diciendo que no funciona o que tu hijo no tiene remedio. Ya que estamos, revísate también el punto 2.

6) Deja de culparle. Probablemente el niño quiere portarse bien, pero no sabe cómo, o bien tú has hecho que no le merezca la pena.

En serio.

Hoy me he visto metida en una de estas entrevistas familiares en las que la madre se ha apañado para convertir cada frase que se decía allí en una crítica al hijo. Ha llegado un momento en que le ha dicho que no debe dormir con la luz encendida porque "si ella tiene que pagar luz, no llegan a fin de mes, y entonces tiene que dejar de comer para que coma él, y entonces le baja el azúcar y tiene que ir al médico a pincharse". Verídico. Y sí, las negritas eran necesarias.

Fragmento de conversaciĂłn:
YO: Tienes que reforzar las cosas buenas que haga tu hijo.
ELLA: Pero es que él de refuerzo sólo quiere dinero (crítica).
YO: No me refiero a eso, sino a que le digas las cosas que hace bien.
ELLA: Pero es que a él eso le da igual (crítica).
YO: No es bueno tratar a los niños como si fueran un caso perdido.
ELLA: Pero es que él es un caso perdido (MEGACRÍTICA).

Y ahora la familia se va a casa y la culpa de todo la tiene ese crío, que tiene destrozadas las puntas de los dedos porque se los muerde de la ansiedad que tiene. Y yo aquí como una gilipollas dándole vueltas a cómo debe de ser vivir en un entorno donde nadie confía en ti y todo lo que digas o hagas está siempre mal.

Desde luego, si existiera el compasiĂłmetro ahora mismo estarĂ­a pitando como un demonio.

PD: Yo SÉ que no debería escribir esto, y SÉ que los padres tampoco tienen la culpa, y SÉ que mi función como profesional es precisamente encontrar la manera de promover ese cambio. Pero permitidme que me ponga el modo psicóloga off y me cague un rato en los muertos de todo el mundo.

PD2: La imagen del post no pega mucho con el tono, pero intento compensar la mala hostia que traigo hoy. AsĂ­, queridos. AsĂ­ hay que tratar a los hijos.