massobreloslunes: 08/08/12

miércoles, 8 de agosto de 2012

El arte de fracasar como escritor


Escribir no es difícil. Casi cualquiera puede hacerlo. No obstante, hacer fracasar una carrera de escritor de manera franca, efectiva y veloz no está al alcance de todos. Ser un escritor fracasado e improductivo es mucho más difícil que ser un escritor activo y libre de complejos: quién no es capaz hoy en día de abrirse un blog o de publicar largos y sesudos textos en su muro de Facebook. A falta de una guía para el fracaso literario, aquí van algunos puntos que pueden ayudar al joven aprendiz. Espero que sirvan de ayuda.

1. ExĂ­jase mucho. Mientras más, mejor. Cada vez que se siente al escritorio, debe pensar que su futuro es ser el escritor más grande de todos los tiempos. Cervantes y Shakespeare deberĂ­an estar pálidos en sus tumbas, anticipando la humillaciĂłn que se avecina. Cuando estire los dedos para posarlos sobre el teclado, piense que es importante que cada palabra y cada frase sean perfectas. De esta forma, probablemente termine antes de empezar y pueda fracasar antes de exigirse el trabajo de realmente escribir algo. Si total, no va a conseguir lo que busca, ¿para quĂ© intentarlo?

2. PreocĂşpese por el efecto que sus palabras pueden tener en los demás. ¿QuĂ© pensarĂ­a su madre de lo que está escribiendo ahora? ¿Y su padre? Se avergonzarĂ­an hasta la mĂ©dula. Se preguntarĂ­an cĂłmo su hijo o su hija puede albergar en su interior emociones tan intensas, pensamientos tan sucios, reflexiones tan carentes de bondad sobre los que les rodean. PreocĂşpese porque quizá en algĂşn momento su jefe descubra que el personaje más cruel de su novela tiene el mismo hábito repugnante de dejarse la uña del meñique larga para poder sacarse la cera de los oĂ­dos. ImagĂ­neselos a todos sentados alrededor del escritorio.

3. Si, a pesar de todo esto, consigue comenzar a escribir algo, no desespere. Aún está a tiempo de fracasar. Para esto, es importante que pare a menudo a examinar lo que ha escrito. Puede poner una alarma cada cierto tiempo, para no darse la oportunidad de entrar realmente en el texto. Cuando pare, relea lo escrito con ojo crítico, eliminando todo aquello que suene extraño, ofensivo, turbio, demasiado sincero, demasiado cursi, potencialmente relacionable con alguien vivo o no asimilable a sus durísimos estándares de calidad. Si queda algo después de esta criba, probablemente será basura, así que enhorabuena.

4. Lea poco, a ser posible nada. Leer es secundario cuando uno ha nacido con talento natural. ¿QuĂ© pueden aportarle todos esos señores y señoras rancios y apoltronados que, además, han tenido la desvergĂĽenza de alcanzar el Ă©xito? Si se dedica a leerles, tal vez podrĂ­a aprender algo que traspasar de manera interesante a sus textos, o incluso darse cuenta de que “era una noche oscura y tenebrosa” no es una buena primera frase para una novela.

5. Escriba sólo cuando le apetezca muchísimo. No importa que en el día a día tenga más ganas de dar un paseo, quedar con amigos, conducir o incluso arrancarse las uñas que de escribir: eso es bueno. Alimente la difusa esperanza de que en algún momento acudirá un torrente súbito de inspiración que le atará al teclado durante largas y deliciosas noches insomnes. Como esto nunca ocurrirá, de nuevo habrá fracasado por la vía de la nada: no escribir es la mejor manera de no triunfar jamás.

6. Si se diera el caso de que le apetece mucho, mucho, pero mucho escribir, no se ponga a ello todavía. Espere a tener las cosas claras en la cabeza. Medite largamente su intuición y déle una forma definitiva y segura: perfile los bordes, imagine los finales y amarre bien a esas rebeldes golfillas que son las palabras. Ahogar todo rastro de espontaneidad no es garantía de fracaso, pero puede hacer que sus textos estén lo bastante muertos como para limitarse a suscitar el elogio de la rancia crítica académica.

7. No enseñe lo que ha escrito. Guárdelo celosamente; podrĂ­an copiar sus ideas o, aĂşn peor, podrĂ­an darle alguna idea nueva que mejorara su material. Incluso, ¡oh, atrevimiento!, podrĂ­an sugerir que aĂşn se pueden pulir y mejorar muchos aspectos de su bienamada historia. Recuerde: guarde bien sus manuscritos y despuĂ©s envĂ­elos a grandes editoriales sin que nadie los haya revisado antes.

8. AlĂ©jese de lo que le produzca miedo o inseguridad. Si siente aletear el fantasma de la duda o sus textos le evocan emociones intensas, ¡pare! DedĂ­quese a algo que todo el mundo pueda entender y aceptar. Hable de sus vacaciones de verano, de la belleza de las margaritas o del gato del vecino.

9. Aténgase a lo que domina. Si se le da bien el relato costumbrista, ni se le ocurra intentar un día escribir una novela de ciencia ficción protagonizada por un robot homosexual. Si nunca ha escrito poesía, que sus dedos no se acerquen a ese género misterioso y desordenado, y viceversa; si le encantan los versos, no se moleste en colocar muchas frases seguidas para formar un párrafo. Si se le ocurriera arriesgarse de esa forma absurda, recuerde atenerse a las reglas de lo que ya conoce y ni se le ocurra pensar que para la nueva situación podrían existir reglas nuevas.

10. Todas estas reglas podrĂ­an resumirse en algunas indicaciones sencillas que el futuro escritor fracasado podrĂ­a colgar en la pared de su estudio:
- Sea duro.
- Sea irreal en sus expectativas.
- Sea conservador.
- Sea inconstante.
- Sea tacaño en el esfuerzo.
- Sea rĂ­gido ante las crĂ­ticas.
- AĂ­slese.
- Escriba poco o, aĂşn mejor,
- No escriba nada.


[El texto está inspirado en el ensayo "El arte de fracasar como terapeuta" de Jay Haley, incluido en el libro "Las tácticas de poder de Jesucristo". Muy recomendable]