
Acabo de llegar de entrenar. Llevaba sin ir al roco desde diciembre por culpa del maldito tobillo, y aunque todavĂa me molesta un poco no podĂa ya más con mi vida sedentaria. AsĂ que ayer fui a la ortopedia y me comprĂ© la tobillera más cara que tenĂan, y hoy me he plantado allĂ para apretar un rato.
Mi roco es, casi seguro, el más cutre del planeta Tierra. Con decir que nos han cortado el agua por impago y ahora no se puede mear. Está sucio nivel mi inmunidad se ha incrementado desde que entreno allĂ, y desordenado nivel un dĂa lleguĂ© a mi casa y me habĂa traĂdo unos calcetines que no eran mĂos.
Los entrenamientos transcurren más o menos asĂ: llegas en coche, aparcas en zona prohibida justo delante de la puerta y te encuentras abierta la persiana metálica. Entras lanzando un sonoro "illoooooooooooo" al que se te contestará con otro "illoooooooooooo" más o menos igual de sonoro. Empiezan los saludos: aquĂ en AndalucĂa das dos besos cuando llegas y dos cuando te vas, y da exactamente igual que te vieras por Ăşltima vez hace un mes o hace dos horas y/o que estĂ©s sudando como un cerdo porque llevas un rato entrenando. Si son dos tĂos cambian los dos besos por darse la mano y palmadas muy fuerte. "QuĂ© pasa, quillo", "AquĂ estamos a ver si entrenamos un poquito", "¿Lleváis mucho rato?", "Desde las cuatro de la tarde" (risa que indica que es broma y que acaban de llegar, exactamente igual que tĂş.) Etc, etc.
Te cambias. Hace un frĂo que te cagas (la calefacciĂłn no se conoce en Cádiz, ¿lo he dicho ya?) porque, además, la puerta no cierra y entra corrientazo hĂşmedo desde la calle. Pero bueno; asĂ al menos se airea y tu inmunidad aumenta aĂşn más. Te cambias y te congelas. Si eres yo, calientas un poco; si eres cualquier otro, estiras mĂnimamente los brazos y te cuelgas de los tablones mientras te rĂes de Marina, que está haciendo rotaciones de codos como en las clases de educaciĂłn fĂsica del cole.
DespuĂ©s cada uno entrena un poco segĂşn sus gustos y caracteres. Jugamos a un dos mas dos, que yo no sĂ© por quĂ© se llama asĂ si siempre vamos de tres en tres. Consiste en que el primero elige tres presas para las manos y pone los pies donde quiera; el siguiente repite lo del primero y pone otras tres; y asĂ hasta que uno se cae. Siempre hay alguno que destroza el dos mas dos poniendo pasos imposibles de la muerte, y si jugamos tĂos y tĂas nosotras solemos quedarnos intentando repetir, un poner, los veinte primeros movimientos, mientras ellos se retan en la parte más inclinada y emiten sonidos guturales.
Hay momentos para todo. Momentos en los que hay cinco notas compitiendo por un trozo de pared, y momentos en los que somos diez personas y solo hay una escalando, y los demás miramos, charlamos, animamos o nos peleamos por la mĂşsica. Hay quien se marca vĂas y las repite un dĂa detrás de otro. Hay quien le pide a otro que le vaya señalando las presas y luego le insulta cuando le pone pasos demasiado difĂciles. DespuĂ©s los tĂos compiten a ver quiĂ©n se hace más dominadas y las tĂas practicamos posturas de yoga en el cuarto donde el Maik pega las palizas. A veces colgamos la cuerda de equilibrio de dos parabolts que hemos puesto en la pared para la ocasiĂłn y practicamos un rato.
Al final nadie entrena lo que querĂa. Los que venĂan decididos a intentar cuarenta movimientos seguidos para practicar continuidad acaban ensayando bloques duros de pocos pasos y cayendo reventados sobre los colchones. Los que querĂan ensayar su vĂa se enganchan al dos mas dos y protestan porque la gente no va lo suficientemente rápido. Y siempre hay alguien que al final dice "vamos a tomarnos algo", y algunos se quedan entrenando más rato y otros se dejan arrastrar al Lucky, el bar de la esquina. Nos sentamos fuera, porque los fumadores siguen imponiendo sus criterios nazis, pero nos da un poco igual porque venimos calentitos. El Lucky saca cañas, vinos y unas aceitunas riquĂsimas que aĂşn no ha querido revelarnos dĂłnde compra, y el Kpot dice "prohibido limpiarse el magnesio en el caldito de las aceitunas", mientras zabulle los dedos blancos en la cazuelita y se rĂe muy alto.
Para cuando llego a Cádiz son las mil, como hoy, y acabo cenando tortitas de maĂz con mantequilla porque no me dan las manos para prepararme nada. Estoy hecha polvo y me quedan ocho horas y pico para encajar otra vez en Puerto Real para ir al trabajo. Nuestro roco es un poco de aquella manera, lo confieso, y no creo que allĂ podamos entrenar ninguno como para acabar haciendo octavo grado. Ni falta que nos hace.
Y mientras miro las páginas web de los rocos de Madrid, anticipando los casi ocho meses que parece que pasarĂ© allĂ el año que viene, pienso que bueno, que el nuestro no tiene vĂas largas para hacer con cuerda, ni gimnasio, ni sauna, ni duchas. De hecho, insisto en que no tiene ni agua. Es el sitio más cutre ever y nosotros los escaladores menos disciplinados del planeta. Pero no creo que haya otro roco igual. Y cuando estĂ© ahĂ en Madrid acojonada, entrenando en mega rocos super equipados y rodeada de ochogradistas, pensarĂ© en la Puerta Amarilla y me dará un montĂłn de nostalgia.