¿SabĂ©is, en realidad, de dĂłnde surgiĂł todo este rollo vigorĂ©xico-aventurero que me traigo Ăşltimamente? Entre otras cosas, de trabajar en AtenciĂłn Primaria. Cuando has visto al vigĂ©simoquinto anciano polimedicado arrastrarse trabajosamente desde la sala de espera hasta la silla de la consulta, empiezas a apreciar muchĂsimo al cuerpo joven que todavĂa habitas.
Los cuerpos de los ancianos me llaman la atenciĂłn. Son como una contradicciĂłn andante: sus cĂ©lulas llenas de señales que dicen que el fin está cada vez más cerca, los mĂşsculos y los Ăłrganos perdiendo utilidad y funciĂłn y el cerebro arrugándose despacio dentro del lĂquido cefalorraquĂdeo. Y ellos con esa voluntad de vivir, con todas sus cĂ©lulas defectuosas empeñadas en seguir adelante. El cuerpo tocando hasta el final como la orquesta del Titanic.
Hoy ha venido a la sierra una mujer con algĂşn tipo de deformaciĂłn Ăłsea y una pierna considerablemente más corta que la otra. Llevaba un vestido largo de flores y unas botas horribles, una de ellas con un alza de unos quince centĂmetros. Bajo el vestido se torcĂan trĂ©mulamente unas pantorrillas delgadas. El simple hecho de caminar hasta la zona de escalada le ha costado un horror. Luego se ha sentado todo el dĂa a mirarnos trepar, con un vaso de yogur batido en una mano y un bocadillo en la otra. Hablaba de lo genial que era estar en el campo, de lo estupendo que parecĂa escalar y de las ganas que tenĂa de hacer puenting.
Entonces piensas: joder, quĂ© suerte tengo de que mis piernas sean de la misma longitud. Piensas en lo terrible que debe de ser saber que nunca, NUNCA, podrás intentar escalar una pared, ni esquiar, ni montar en bicicleta, ni subir una montaña. Tu cuerpo está en tu contra. En momentos como ese, uno piensa en lo ridĂculo que es en realidad el AcnĂ© del Averno.
AsĂ que bueno, yo quĂ© sĂ©, no escalĂ©is si no querĂ©is, aunque mola, pero usad el cuerpo. Es un regalo con los dĂas contados. Usadlo para divertiros, para que os lleve a lugares alucinantes, para tocar y que os toquen, para saltar, para coger olas, para dar masajes, para tener sexo. Es un instrumento increĂble. Está tan bien diseñado. Es tan delicado y tan potente, y responde tan bien cuando se le cuida un poco.
Y en la lĂnea de lo que acabo de decir, voy a usar mi magullado cuerpo para desplazarme a ese lugar llamado cama a dejarme morir.