Anoche bajĂ© al chino que hay enfrente de mi nueva casa a comprar leche semidesnatada. Dentro hacĂa un frĂo que pelaba: los chinos nunca ponen calefacciĂłn ni aire acondicionado, y supongo que es parte de lo que tienen de terrible y meritorio. Detrás del mostrador, un chico y una chica veĂan vĂdeos en un ordenador, embutidos en sus abrigos y cogidos de la mano.
Busqué la leche desnatada y la llevé al mostrador. "Uno con diez", me dijo la chica, muy sonriente; pagué, me dio el cambio y volvió a sentarse frente a la tele y a cogerse de la mano del chico.
Estaban muy bonitos desde mi posiciĂłn: tan quietos, casi olvidados del mundo. Y seguro que no son la pareja perfecta. Seguro que se pelean y se ponen celosos y dudan. Pero ayer parecĂan tenerlo tan claro. Y brillaban con luz propia tras el mostrador de la tienda, tapados hasta las cejas, mientras un cantante gritaba en chino desde la pantalla del portátil.