Esta mañana me he levantado tristona. En plan como se levanta la gente normalmente los lunes. Iba caminando por mi calle en plan me aprietan los vaqueros, estoy más que harta de la paleo dieta estricta, tengo frĂo pero no voy a subir otra vez a casa por la chaqueta, es sĂşper temprano, me queda un montĂłn indecente de horas antes de volver a mi dulce hogar, es SĂšPER TEMPRANO, no quiero ver diabĂ©ticos hoy, echo de menos viajar. And so on.
De camino a la parada del autobĂşs, todavĂa de noche, el primer dĂa de escuela se iba haciendo notar. Paso junto al colegio que hay al lado de mi casa y alguien está abriendo la puerta en la oscuridad. Ni siquiera le veo la cara. Es esa persona de cuya existencia ni te percatas cuando eres pequeño, porque para ti el colegio simplemente está abierto siempre, está ahĂ. DespuĂ©s, al cruzar la calle, tres niños de unos once o doce años esperan junto a un coche a que el padre baje para llevarlos. Las mochilas parecen enormes, y ellos tienen las caras extrañadas del madrugĂłn. "No he dormido nada esta noche", le escucho decir a uno mientras paso al lado frotándome los brazos.
El primer dĂa de colegio no es malo. Te sorprende el fresquito de la mañana, eso sĂ, porque tĂş ya te creĂas que la temperatura no bajaba del calorazo que te encuentras cuando te levantas tardĂsimo en AndalucĂa un dĂa de septiembre. Pero he aquĂ la cruda realidad: ya refresca, y estas horas tambiĂ©n son ahora tus horas. MetĂas lo básico en la mochila: un cuaderno, la carpeta delgadita con hojas en blanco, el estuche con un surtido de bolis y rotuladores. El primer dĂa de colegio yo todavĂa pensaba que podĂa ser, por una vez en la vida, organizada, ordenada y eficiente, asĂ que lo apuntaba todo con mucho primor en la primera hoja de mi cuaderno y me proponĂa llevar siempre ordenada mi carpeta clasificadora. DespuĂ©s el caos se iba apoderando de mĂ y terminaba con todo mezclado y doblando los bordes de los libros que habĂa olvidado forrar.
La verdad, desde que trabajo vivo desorientada. Antes estaba muy claro: vacaciones era igual a verano, estudiar era igual a todo lo que no era verano. PodĂa situarme bien en el calendario. Ahora septiembre me cuesta: buen tiempo y trabajar, ¿de quĂ© me suena esto? ¿no lo he hecho ya en junio y en julio? ¿dĂłnde estoy? Ya empieza a sonar la navidad como referencia temporal, y a mĂ se me pone la carne de gallina. Me he apuntado a un curso de Vipassana para esa fecha, pero aĂşn no sĂ© si tendrĂ© plaza.
Hoy ha sido como un primer dĂa de colegio para mĂ. En el sentido de que ha sido el tĂpico dĂa en que te das cuenta de que, por muchas novedades que aparezcan, por contenta que te sientas en general, algunas cosas siguen, y siguen, y no se paran, y los dĂas al fin y al cabo no son más que una sucesiĂłn de pequeñas tareas que tĂş te esfuerzas por terminar a tiempo. Extraño la libertad. Iba caminando por la calle y me he cruzado con un chico que se parecĂa a Jorge, mi anfitriĂłn de Jaca, y he recordado la sensaciĂłn cuando lleguĂ© al pueblo y le encontrĂ© con sus amigos jugando al ultimate frisbee. El estado mental de sorpresa y alegrĂa que me acompañó durante todo el proyecto, y que te puede convertir en una verdadera yonki de viajar, de moverse, de no tener una lista que tachar al final del dĂa.
Hago una pausa para intercambiar unos cuantos whassap con Joaco, que me agradece las fotos de la manifestaciĂłn que he colgado en Facebook. Me pregunta por mis obesos y los llama "fartones" (porque se fartan). Oh, echo de menos a ese chico, las cosas como son, y mira que le conocĂ poco. Pero echo de menos justo eso: la sensaciĂłn de ir conociĂ©ndole, su acento asturiano, su energĂa desmesurada.
Vuelvo a mis escritos y pienso en quĂ© me falta ahora, y en realidad, hoy lo iba pensando, el mayor problema que tengo de un tiempo a esta parte es que me siento creativamente seca. Muy, muy seca. Es decir, que vengo aquĂ, me exprimo el cerebro y algo sale, porque tengo práctica, pero me falta un impulso, un proyecto, algo más profundo e intenso que estos posts. Y no sĂ© de dĂłnde sacarlo porque no tengo tiempo ni espacio mental; y tambiĂ©n porque ya lo escribĂ hace bastante tiempo: para escribir con intensidad parece que necesito al amor o al desamor, y ahora mismo no tengo ninguna de las dos cosas.
En fin. No os dejĂ©is engañar por este post: la ola de pena de otoño nos alcanza a todos y es difĂcil quedarse impertĂ©rrito cuando te cubre la cabeza con su melancĂłlica espuma de anochecer temprano. Habrá proyectos. Habrá alegrĂa. Y vive dios que habrá amor y/o desamor, porque mi corazĂłn entusiasta no va a dejar que sea de otra manera.