Siguiendo con el análisis de comentarios, me pregunta un anĂłnimo cuál es la manera de entender bien el amor. Entonces yo le doy vueltas a su pregunta para ver si la puedo contestar de una forma no ya buena o mala, sino Ăştil. Pienso en la aceptaciĂłn, la comprensiĂłn, en quererse sin agobiarse, en ser cĂłmplices, amigos, amantes, etc. etc. Compongo en mi cabeza algo que podrĂa haber escrito Jorge Bucay.
Después recuerdo este texto de "Juliet, desnuda" y pienso que tiene razón. Que el amor es tú. No se puede abstraer el amor porque amor es un tú, es precisamente cuando no hay nada más que ese tú, y si eso no existe no hay amor. Y el amor bien entendido, digo yo, es precisamente dejar que ese tú te inunde. Salir del cascarón del ego. Ahà está su belleza: en que permite nuestro abandono.
El amor es tĂş, y cuando tĂş no estás, el amor se ha ido. No hay nada abstracto en ello. La abstracciĂłn está en el otro lado y no pueden convivir las dos cosas, como la luz y la oscuridad: si una está es porque la otra ya no. AsĂ que si llegan la razĂłn y las teorĂas es porque tĂş se ha ido o porque no estuvo nunca. Cuando existe amor es porque existe en concreto y tiene un nombre, un cuerpo y una cara, unas ideas y nuestra capacidad, que nunca deja de sorprenderme, de honrar a ese ser singular, ese cuerpo, esa cara, esas ideas, sabiendo que hay otros muchos seres mejores y peores, o al menos diferentes, siendo capaz de quedarnos con Ă©ste.
(Ayer por la mañana, por cierto, iba yo con Elsa y Tahira por las calles de la Malagueta. La niña se habĂa hartado de la mochila, asĂ que yo llevaba en brazos sus diez kilos de maravilla de la naturaleza para hacer honor a mis preocupantes mĂşsculos. Le daba besitos en la pelusilla rubia de la cabeza mientras Elsa y yo hablábamos del mundo moderno y de que es feo, de mudarnos a una ecoaldea, de vivir más cerca de lo verdadero. Pero no te preocupes, Tahi, le decĂa yo a la enana, porque el mundo en realidad es bonito, es flipante, está lleno de cosas hermosas. El mar y el sol y las palomitas y las bicicletas, enumeraba mientras le agarraba las manitas con las mĂas. Escalar y escribir y correr descalzo y meditar y las ecoaldeas y los mangos. Y la amistad y tu mamá y las sonrisas y el amor. Y cuando dije amor Tahi empezĂł a dar chillidos entusiastas y a moverse como una epilĂ©ptica, ¿te gusta el amor, Tahi? le preguntábamos, y ella no hacĂa más que dar palmas y emitir ruiditos. AsĂ que igual venimos de serie con un conocimiento del amor mucho más profundo del que pensamos, con un increĂble arsenal de amor de bebĂ© alegre e incondicional. Todo es cuestiĂłn de desenterrarlo de donde quiera que lo tengamos guardado).