massobreloslunes: 09/24/12

lunes, 24 de septiembre de 2012

La marisma me dejĂł...


Acabo de recibir un correo de Omar Janaan, un dibujante malagueño con muy poco interés por vender sus viñetas. Desde el cariño lo digo. Porque ya hace varios meses que le escribí mostrándole mi entusiasmo imperecedero por una de sus láminas y pidiéndole que me la vendiera y enviara, por ese orden, y hasta hoy nada. La lámina en sí representaba (creo que ya os lo conté) un muro detrás de un montón de personas grises y tristes, abrumadas por la vida cotidiana. Subido al muro había un chico muy sonriente que observaba un sol brillante al otro lado. Me gustó un montón. Sentí que, en este momento concreto de mi vida, yo soy ese chico: escalando los muros de forma literal y buscando el sol que brilla.

El caso es que esta semana la he convertido oficialmente en mi semana de balneario mental. Lo que quiere decir que priorizarĂ© el descanso, el sueño y el ejercicio suave y placentero. ¡Basta de autoexigencia! ¡Al carajo todo! (Todo esto dicho con tono de "para las manchas, ¡una soluciĂłn quiero!"). Necesito mucho dormir más. Necesito manejar mi estrĂ©s personal, profesional, emocional, familiar, artĂ­stico y cutáneo, en lugar de esconderlo bajo capas de energĂ­a superpositiva. Sobre todo, necesito dormir más (¿lo he dicho ya?). Llevo meses necesitando dormir.

En el contexto de mi enésimo plan de mejora personal, implementado para reducir el aburrimiento del celibato, he rescatado mi bicicleta de la casa de mi tía: un híbrido campo-ciudad del Decathlón muy cómoda, muy sólida y con guardabarros. "Los guardabarros son muy importantes", me decía J. Ya ves tú; como si viviéramos en Holanda o como si yo tuviera la mínima intención de coger la bici o de hacer algo en cuanto llueve un poco. No way. Pero mi bici es preciosa y le tengo mucho cariño. De hecho, si lo piensas bien, mi bici fue el paso uno en ser la Marina que soy. En tercero de carrera iba a vivir con una chica que estudiaba Bellas Artes, tenía una gata, iba a todos lados en bicicleta y era atlética, fuerte y estilosa. Quedamos un día en la plaza de Mariana Pineda y la vi acercarse rauda y veloz con su bicicleta, unas preciosas sandalias camper negras y su tatuaje de un pez en el empeine del pie. Pensé: jo, quiero ser como ella. Con bicis, gatos y tatuajes.

Al año siguiente me compré una bicicleta. La antigua Marina era una niña miedosa y precavida que se pasó semanas estudiando la dirección, inclinación y seguridad de todas las calles de Granada para saber por dónde podía ir en bici a los sitios. La antigua Marina era una absurda. Aun así, me apañé para coger bastante la bicicleta aquel año. De entonces me recuerda Silvia llegando a la danza del vientre, toda mona y hippy, y amarrando la bicicleta en la baranda del Genil.

Desde entonces, la pobre bici es un querer y no poder. Lleva un montón de años siendo usada de higos a higos. Me la llevé a Villa Dramática y la utilicé literalmente una vez. Después la arrumbé en casa de mi tía y hasta ayer. Es que a mí montar en bici, en el fondo, me da miedo. Por mi torpeza. No se me dan bien los deportes en los que hay que manipular objetos. Me da miedo pegármela subiendo un bordillo, o perder el equilibrio, desviarme y estamparme contra un coche.

Pero hoy mi vida ha cambiado. Porque hoy he descubierto que a cinco minutos literales del Zulo Autolimpiable está el entorno natural bicicletísticamente más perfecto que puede existir, a saber:

Las marismas.

Cádiz: no es para agorafóbicos.

Las marismas lo tienen todo. Un silencio tranquilo aliñado con el vientecito de poniente. Planicie absoluta: nada de "a la ida cuesta abajo - quĂ© bien; a la vuelta cuesta arriba - quĂ© mierda", o viceversa. Nonono: uniformidad relajante. Pocos viandantes. KilĂłmetros y kilĂłmetros de camino que va dando vueltas entre los charquitos de agua salada de manera misteriosa y casi onĂ­rica. Empiezas a pedalear y punto; no tienes que pensar ni decidir ni nada. Sigues el caminito como Dorothy la del mago de Oz hasta que sientes que se te han acabado la mitad de las fuerzas; entonces te vuelves. 

La belleza era muy loca incluso para Cádiz. A mis espaldas, los edificios desaliñados de La Isla recortados contra un cielo ardiendo; frente a mí, los turquesas desvaídos y mezclados con violeta de la noche de otoño. En medio, la luna. Y yo, toda pequeña y contenta, pensando en que, como para el hombrecito de la viñeta, la parte linda de la vida está en general mucho más cerca de lo que pensamos. Poco antes de llegar al final, me he sentado en un banco de madera a mirar la luna y comer pastelitos de boniato. Es que me he comprado un libro sobre el boniato (verídico) y estoy probando recetas. Los pastelitos de boniato son como torrijas sin gluten y están exquisitos. He tenido un momento muy zen mirando la luna sobre las marismas. Luego, lo confieso, he sacado el móvil y he mirado el correo.




Mientras pedaleaba he tenido una idea sorprendente incluso para mĂ­ misma. Pero no os la puedo contar hasta que vea que es factible. Es una idea sĂłlo parcialmente loca, pero puede ir bien. 

Y bueno, este post es literariamente un desastre. Nada más que ir poniendo frases una detrás de otra; ninguna idea impactante, nada de finales redondos ni de llevar el relato a un punto donde convergieran la bici, la luna, los pastelitos de boniato y un exquisito maromo moreno. Pero bueno: así es la vida. Ir en bicicleta para bajar el colesterol o para que te ruede el coco hacia la inspiración. No hay tanta diferencia.

Buenas noches, ciruelitos. Encontrad el muro que os separa del sol y escaladlo con valentía y con fuerza. Como si fuerais capaces de hacer un montón de dominadas. Como si no hubiera un mañana, ni ahora ni nunca.
God I'm lovin' it. Quiero decir, que estoy aquí sentada con las gafas de sol graduadas puestas, porque no encuentro las de ver y las lentillas se me estaban pegando a la córnea, y llevo un rato leyendo y leyendo posts antiguos, y no sólo posts, también los comentarios, las conversaciones, y simplemente recordando, reviviendo momentos, repasando con los ojos este atípico álbum de recuerdos que es el blog. Anticipando el cansancio de mañana e importándome un carajo. Sintiéndome otra vez bastante viva. Pensando que, joder, sí que he llegado lejos. Que da igual, exactamente igual, que no escriba una novela jamás, aunque la voy a escribir y no por nada, sino porque quiero. Pero que da igual porque ya he llegado muy, muy lejos; porque estoy motherfucking orgullosa de todas estas palabras, que son mías, de todo el esfuerzo y el amor y la entrega que he puesto en ellas. De mis lectores nuevos y mis lectores de lustros. Estoy muy orgullosa y contenta hoy, de verdad. Es algo grande (no es "En busca del tiempo perdido", lo reconozco, pero no está mal). Echaba de menos esta sensación. En serio: I'm lovin' it.

Y ya sí, me voy a dormir, que si no a ver mañana quién es la guapa que sube en modo avión las nueve plantas hasta endocrino para entrenar pulmones.

PD: La escritura ciclotĂ­mica mola excesivamente.

Otra cosa

Otra cosa que he hecho para desbloquearme ha sido republicar unos cuantos cientos de entradas antiguas de las que se habían quedado en modo borrador. Lo digo para los nostálgicos. Aún quedan algunas sin publicar, me temo. Todo se andará.