massobreloslunes: 03/22/12

jueves, 22 de marzo de 2012

Copa menstrual: lo que nadie te ha contado

O quizá sĂ­ te lo han contado, pero ¡queda tan interesante titular asĂ­ un artĂ­culo! Pensadlo. Queda bien con casi cualquier cosa:
"Sexo oral: lo que nadie te ha contado".
"Tortillas francesas: lo que nadie te ha contado".
"Leer a Proust: lo que nadie te ha contado".

¡QuĂ© sugerente todo!

Una vez hecha esta introducción absurda, advertencia: este post va a ser asqueroso. Asqueroso nivel hablar de sangre menstrual con cierto detalle. Así que los que no tengáis interés por saber más de los misterios femeninos que nosotras intentamos llevar con cierto pudor una vez al mes, podéis absteneros. El que avisa no es traidor. Las mujeres que no tengan interés en recrearse en el evento maligno menstrual, también pueden pasar.

Vale, ahora los que quedamos. ¿Por quĂ© hablar de la copa menstrual? Yo no sĂ© vosotras, pero a mĂ­ me da la impresiĂłn de que me paso toda la puñetera vida con la regla. Es como "no me puedo creer que ya me toque otra vez, por el amor de Dios pero si terminĂ© hace dos dĂ­as". Esto se debe a que la regla es mala, porque no me pasa con las cosas buenas. No digo "no me puedo creer que ya me toque otra vez que me paguen, si parece que fue ayer"; es más bien algo del tipo de "o cobro ya o a mi cuenta naranja voy a tener que empezar a llamarle mi cuenta roja". AsĂ­ que bueno, si hay algo que podrĂ­a mejorar mĂ­nimamente nuestra calidad de vida en esos dĂ­as del mes, creo que es mi obligaciĂłn divulgativa y humana compartirlo.

La regla la inventó Satanás Dios cabreado, que para el caso es lo mismo. Es más: si Dios ha creado el mundo, probablemente tiene mucha más mala leche que Satanás o, por lo menos, una mala leche más creativa. Cuando tienes la regla te encuentras mal, tienes penita, angustia, dolor, hinchazón, gases, estreñimiento o todo junto. Aumentas un kilo o dos de peso y odias a tu báscula. Se apaña para coincidir con excursiones sexuales esporádicas. Tú querrías ponerte un cartel en la frente para que la gente te respetara, pero además es un tema no exactamente tabú, pero tampoco como para contarlo a los cuatro vientos. Si dices algo, normalmente la reacción varía en función del sexo:

- Mujeres: ponen cara de dolor empático. Saben por lo que estás pasando. Te tocan el hombro, te dan palmadas de apoyo, te ofrecen espidifén y/o chocolate. Comparten contigo su drama particular (ejemplo: "pues yo el primer día me tengo que poner un tampón cada media hora porque sangro a chorros" o "pues a mí me dura una semana y no quiero más que morirme").

- Hombres: asienten intentando ser comprensivos, pero lo que ves en sus caras es pánico. Algo como "cambia de tema YA", o como "¿¿¿¿Y ahora quĂ© deberá decir????". Suelen solucionarlo con un "ah... vaya" o un "lo siento" casi de pĂ©same. Yo lo entiendo. Si ellos sangraran por sus partes una vez al mes, yo tambiĂ©n me preocuparĂ­a.

En fin. La cuestiĂłn es que la regla no es optativa, aunque a mĂ­ me encantarĂ­a confirmar de una vez que no me voy a reproducir y extirparme todo el aparato reproductor, en plan "to palante". Pero conservo la esperanza y me resigno. Entonces llegan los problemas de logĂ­stica. ¿QuĂ© utilizar?
- Compresas: las mujeres que utilizan compresas asĂ­ como Ăşnica opciĂłn me parecen adorablemente arcaicas. Porque las compresas son incĂłmodas y sucias, aunque los de la tele inventen anuncios con colorines e instrumentos de viento. ¿A quĂ© huelen las cosas que no huelen? ¡A sangre! Y no nos engañemos: la sangre huele.

- Tampones: importantísima mejora, sí, pero no la panacea. Digan lo que digan: los notas. Si los quieres usar de noche en los días de más flujo, te tienes que cambiar o poner compresa adicional. Si te los tienes que cambiar en sitios recónditos, como el campo o sórdidos baños callejeros, puede ser un problema qué hacer con el que ya has usado. Si no calculas bien el tiempo, puedes mancharte. Si te los pones en el agua se producen interesantes efectos en los que los conceptos "mi útero" y "agua salada o con cloro" están preocupantemente cerca.

Y aquĂ­ llega, chanchanchan... La Copa Menstrual. El invento del que tu madre nunca te hablĂł porque... bueno, porque no existĂ­a. ¿En quĂ© consiste? Es una especie de embudo lĂłgicamente cerrado por abajo y hecho de silicona. Se pliega, se introduce en tu potorro y allĂ­ se expande y recoge la sangre. Cuando está lleno se saca, se vacĂ­a en el baño, se limpia muy bien con agĂĽita y jabĂłn y se mete de nuevo.

Los básicos sobre la copa los podĂ©is leer muy bien explicados en este post de PĂ©talo. Para quĂ© vamos a repetir lo que ya se ha dicho. Si escribo este post es para aclarar que ¡ojo! La copa menstrual NO es la panacea sagrada que cambiará tu vida y te convertirá en la chica feliz de los anuncios. Si partimos del concepto sangrar como un cochino durante tres dĂ­as seguidos, podemos prever que nada lo hará.

Así que, después de seis meses utilizando el artilugio en cuestión (concretamente la talla pequeña de la marca Diva Cup), he aquí una lista de ventajas y desventajas.

Ventajas:

1) Es ecolĂłgico. Si me imagino una bolsa llena con todos los tampones y compresas que habrĂ­a usado en estos Ăşltimos seis meses, salen un montĂłn. Si calculamos unos 15 tampones + 5 compresas por regla, nos salen un total de 120 cacharros de celulosa que le he evitado al Amazonas. Viva y bravo. No soy particularmente ecologista, pero creo que sĂłlo con este gesto podemos aportar un granito de arena a la salud del planeta.

2) No te manchas jamás. Esto es fabuloso. Incluso si la cosa se pone chunga y tardas más tiempo del que pensabas en poder cambiarte, la cosa nunca rebosa y empieza a mancharte. Sólo pasa si está mal colocada, lo que es muy muy raro.

3) Es bastante más fácil de usar de lo que parece. No requiere mucho más entrenamiento que los tampones.

4) Hay que cambiarla con mucha menos frecuencia, lo que la vuelve muy cómoda, especialmente en situaciones donde no te puedes cambiar todas las veces que querrías. Excepto el primer día, que normalmente manchas más, los demás días a mí me basta con vaciarla por la mañana y por la noche. Esto es una graaaaan ventaja, sobre todo si pasas el día fuera de casa: en la playa, de viaje, escalando... en lugar de convertirte en un radar humano buscador de baños públicos, puedes vivir tu vida.

5) Es razonablemente cómoda. Insisto: razonablemente. De esto hablaremos más en el capítulo de las desventajas.

6) Si te vas de viaje, no tienes que ir cargando con veinte millones de tampones y compresas por si te baja la regla, o gastarte un dineral en comprarlos en sitios precarios donde te los venden a precio de cocaĂ­na. Te llevas tu copa y punto.

7) Te la puedes poner en plan "por si acaso". Por ejemplo, el día que prevés que te va a bajar la regla, si eres muy puntual, o los últimos días, cuando apenas manchas. No es como el tampón, que en teoría es malo malísimo si ya manchas poquito y que por supuesto no puedes ponerte antes de tiempo. Esto también es muy cómodo. Si no te baja la regla o si ya has terminado del todo, la copa no te va a hacer ningún daño.

Y ahora vamos con las DESVENTAJAS

1) La comodidad es relativa. A ver: no deja de ser un cuerpo extraño más o menos grande metido en tu vagina. Yo la noto. Y no sólo la noto: me presiona la vejiga y me da ganas de mear. Los que me conozcáis en persona ya sabréis que tengo un problema con eso, así que ahora imaginadme con un cacharro ahí apretando. El baño y yo somos uno.

2) Los días de más flujo la lías parda cuando te cambias. A ver: es que entre que la pliegas, la sacas y la vacías, si hay mucha sangre pues se esparce a medias entre tus partes pudendas, tu mano y el váter, y aquello puede llegar a parecer la matanza de Texas. Luego tienes que limpiarte muy bien, para lo que recomiendo llevar toallitas y tal, y por supuesto tener un lavabo cerca: no ya por la copa sino por tu propia persona.

3) El tema del lavabo. A mí personalmente me parece un poco asqueroso lavar mi sangre menstrual en un lavabo ajeno. Yo sé que es sangre y ya está, pero si yo supiera que otra lo está haciendo en mi lavabo no me convencería mucho. Intento solventarlo cambiándome en mi casa siempre que es posible y lavándolo todo bien en los baños ajenos, aunque sea con jabón de manos. Aun así, ya os digo: me da un poco de repelús.

4) El tema de qué narices hago si no hay un lavabo cerca. Porque lo que dicen de lavarla con una botellita que puedas llevar en el bolso o, en casos límites, no lavarla, pues yo qué sé... tengo mis reservas. Sobre todo por lo que os decía: porque te manchas al quitarla y ponerla, y esto es una verdad como un templo o yo soy muy torpe.

Y esto es todo. El tema de la incomodidad igual se solucionarĂ­a con una más flexible o más blandita. La propia PĂ©talo probĂł una de estas caracterĂ­sticas (patrocinada, por cierto... ejem ejem, fabricantes de copas: me ofrezco tambiĂ©n a que me patrocinĂ©is), y quizá me irĂ­a mejor, porque la Diva Cup es bastante rĂ­gida. En general, la verdad es que las ventajas son más numerosas e importantes que las desventajas, pero asumamos que la regla es lo peor de la vida y que ni todo el espidifĂ©n del mundo combinado con maravillosas copas menstruales de colores pastel te sacarán de ese embrollo. Al final siempre te encuentras observando cĂłmo la sangre brillante y roja mana de tu cuerpo y preguntándote quĂ© le pasa al Ăştero con el gasto indiscriminado de recursos: ¿no sabe que hay crisis?

En fin. Y después de esta entrada tan pedagógica, me despido hopefully hasta mañana, que es viernes y que intentaré compensar con algo bonito, creativo y profundo.