También está la angustia ante lo desconocido. Cuando eres PIR te enfrentas a lo desconocido con una frecuencia inhumana. Cada tres o cuatro meses cambias de rotación y tienes que empezar en un sitio nuevo, con compañeros nuevos y una forma distinta de trabajar. Que está guay porque te vuelves adaptable como un ornitorrinco y porque no te aburres, pero al principio es duro.
Llevo desde el lunes trabajando en drogas. AsĂ a priori no me atraĂa mucho la idea, pero despuĂ©s de unos dĂas estoy fascinada. TambiĂ©n hay que decir que igual que me encariño con un apio, puedo fascinarme con una piedra. Pero en serio, las adicciones son estremecedoras. Tienes la impresiĂłn de ver a la persona luchando con algo intenso y ajeno como un dragĂłn. Te das cuenta de cĂłmo la sustancia (o el juego, o lo que sea) se introduce en la vida de la persona y la ocupa por completo, como un amor destructivo y feroz de estos que te dejan sin fuerza para nada más.
Hoy no tengo ganas de escribir más. Ya sĂ© que ayer estaba tope de entusiasmo por la escritura y tal, pero hoy estoy cansada y preocupada por mañana, y quiero dormir para no pasarme el dĂa como una zombi. Creo que me irá bien, en realidad. Seguro que es interesante, porque interesante es todo, y además tengo la guardia con Pilar, una psiquiatra encantadora que chorrea compasiĂłn hacia sus pacientes. Y el domingo escalo. Y el lunes tambiĂ©n. AsĂ que bueno, no puedo quejarme.
Aun asĂ, deseadme suerte, ¿vale? Una guardia tranquilita y dormir sin sobresaltos. Poder echarme la siesta y que la cama no sea completamente mierdosa. Que nadie quiera matarse ni morirse. Con eso me conformo.