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Tanto hablaban de él, inventándole quién sabe cuántas colas, que cuando despertaron, descubrieron que por fin se había marchado. Pues qué esperaban… El dinosaurio también tenía su corazoncito.
ANA CLAVEL,
Amor y otros suicidios,
Ediciones B, México D.F., 2012, 212 páginas.
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ALTURA INADECUADA
Se arrojó desde el mirador de la Torre Latina porque sintió que no podía más. Al despertar, una enfermera le ajustaba el suero. Alcanzó a gemir “¡Oh, no…!”, pero la enfermera la tranquilizó de inmediato.
—Tuvimos que intervenirla —le dijo— porque desde la altura de donde se lanzó usted es inevitable romperse el alma.