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27 de mayo de 2022

Bárbara Casaro Matteio, 2 poemas 2


Fotografía de Amber Ortolano

LA MUERTE ES UNA BOTELLA ROTA

Se rompió la botella de vidrio en la heladera,
cristales congelados,
estallaron
en pedacitos.
Tu cuerpo inmóvil y frío
en un cajón.
Como ese vidrio
roto
en la heladera.

Lloro,
por una botella rota,
intento,
que lo material no importe.

Ya no queda tu arroz con leche
que descongelo
para no extrañarte.

Hoy me salió una cana,
no me lo esperaba.
Hay una fórmula para ganarle al tiempo,
me dijiste
pero quedó en suspenso
o en esa heladera
lo que no me enseñaste.


Fotografía de Amber Ortolano

A veces me baño en invierno con agua fría,
junto trocitos de jabón y armo uno,
cubro con espuma todas mis partes,
parezco un algodón blando.
Vuelco los cabellos debajo de la ducha,
cerdas mojadas y despeinadas.
El agua corre por mi nuca
como una mochila cargada de piedras.
A veces termino
no me seco,
corro a la cama de papá y mamá
me enrollo entre sus abrigos.
Mi cama de una plaza,
la de ellos, extensa.
Aunque mojo los hilos del colchón
mamá no me reta, 
se recuesta junto a mí.
Apoyo el desorden sobre su vientre pomposo,
y lloro.
Hay días en que quiero volver a dormir ahí.


No me enseñaste bien, Editorial Rangun, 2021



Bárbara Casaro Matteio
(Corrientes, Argentina, 1987)
POETA/ESCRITORA/LICENCIADA EN PSICOLOGÍA/
DOCENTE UNIVERSITARIA/
de No me enseñaste bien, Editorial Rangun, 2021
Contratapa de Maia Eirin
Lectura recomendada por Franco Rivero
para escucharla en CORRIENTES PLAY
para leer + en UN POCO DE FIEBRE








24 de agosto de 2021

Ana María Grandoso, 4 poemas 4



Fotografía de Amber Ortolano

El pájaro se posa sin ruido
pájaro
que toca con sus patas una rama

qué triste tarde mira
a través de la nube de jejenes
en la cabeza
pantalla sin sonido
las veredas, los cartones y colchones
la selfie
de la gran ciudad.


Fotografía de Amber Ortolano

A veces le da un beso
en la nuca
esta vez, ella se da vuelta
se encuentra con sus ojos
algo volvió
en un instante

su cuello, levemente inclinado
sobre platos, vasos
debe provocar una conmoción
a escala cotidiana
porque a veces
le da un beso
en la nuca.


Fotografía de Amber Ortolano

La vida depende de una falla en la cadencia.
José Watanabe

Abrí la puerta y te vi allí
como a diario, casa mía
tan segura de que nada
va a desacomodarte
ni un ventarrón a llenarte de hojas secas
las sillas y la mesa
en un teatro filmado
bajo techo

como un tráiler, cada tanto
contaría de lo felices que fuimos
fugazmente iluminados
allí sentados
en esas sillas.



Fotografía de Amber Ortolano


Las horas
ya no pasan así como así
arrastran como río de montaña
ese Quemquemtreu que suena y suena
en un canto mapuche
es un corazón latiendo
estas horas no pasan
ralentadas.

Quemquemtreu. Río de El Bolsón, provincia de Río Negro.



de Movimiento de superficie,
Ediciones En Danza, 2020




Ph Nico Pioppi
Ana María Grandoso
(Carmen de Patagones, Bs. As., Argentina, 1946)







2 de diciembre de 2017

Mariana Souzzo, 4 poemas 4


Fotografía de Stafania Orfanidou 


LA MAYOR PARTE DEL TIEMPO NO OCURRE NADA
aunque ruidos del exterior ingresen
aunque la persona que viva al lado de mi casa
arrastre los muebles, lo único que me detiene
es el movimiento de este cuerpo
que realiza plenamente su función:
respira, parpadea
mueve los dedos de los pies.
Algo simple como gotas de agua
que se evaporan al sol.
Eso es todo.





Fotografía de Stafania Orfanidou 




LA NOCHE NO LLEGA NUNCA
y cuando camine por esta calle y ya no viva en ella
es probable que la noche venga, como vienen las cosas
que se esperan desde hace tiempo

el que no sabe dónde está tampoco sabe quién es
y el viento fuerte es una noticia que aguarda por nosotros

un soplo que nos dirige hacia donde nunca estuvimos
pero inevitablemente iremos.






Fotografía de Dominika Gesicka



TU ESPALDA EN EL COSTADO DE LA CAMA
me recuerda cuando nos conocimos
vos en tu mundo, yo en el mío
y todos esos datos que aún
no habían impactado en nuestro sistema.
A esta hora las sirenas suenan,
no tienen descanso el domingo
y es terrible que todo el tiempo se queme algo
o que un auto se estrelle contra otro
a cualquier hora de la madrugada.
Tu cuerpo mira la ventana, estás muy dormido
por más que intente apartar la mente del siniestro
me es casi imposible desviar hacia otro lado
esta cantidad tan grande de pensamientos.





Fotografía de Amber Ortolano



RENUNCIO A LAS TAREAS DEL HOGAR
abandono un plato sucio en la mesada
una prenda en el piso del dormitorio
el día es perfecto para despreocuparse
lo que ayer derribamos hoy permanece ahí,
el otoño llegó y es digno de verse.
Las hojas se elevan en remolinos
las hojas agonizan sobre el pasto
las hojas se acumulan en la alcantarilla
pretendo atraparlas pero las dejo ir
para que puedan convertirse en otra cosa.





Mariana Souzzo 
(San Justo, Buenos Aires, Argentina, 1982)
POETA/SOMMELIER
de Cuando la forma del día desvanece, Caleta Olivia Ediciones, 2016
para leer reseña  de Gustavo Yuste en LA PRIMERA PIEDRA
para leer + en MALÓN MALÓN

8 de noviembre de 2017

Karina Raponi, 4 poemas 4


Fotografía de Katerina Plotnikova

CRASH

A veces,
casi por accidente,
recuesto la mejilla
en mi hombro
y siento el olor de mi piel.
Rememoro a
mis perros
cuando hunden
sus hocicos
en busca de mi calor,
y rescato
el gesto sufrido
de los que no podrán
hacerse tierra
el rato suficiente.
A veces,
casi por accidente,
el pensamiento
me devuelve
a la naturaleza.
El acto puede
volverse tan crónico
como polvo o arena.




Fotografía de Amber Ortolano

EN LA CAMA

Me doy vuelta y oigo tu respiración
y puedo mirarte con ojos cerrados
alargando mis piernas y mis pies.
Así escucho en la noche
tu espalda con mis brazos tanteando
por encima del acolchado.
Mis sueños ya no transpiran,
se me hacen ladrillos apilados,
que de tanto en tanto ayudan
para amurarnos los demonios.
Aprendimos los horarios donde
suelen dispararse las balas de plata.





Fotografía de Marton Perlaki

TIEMPO CONSENTIDO

El tiempo se intercala
entre la raíz y su hoja,
mis poemas maceran
sus recodos.
Voy mirando
los vidrios tocados,
aliento a lluvia
en sus matices.
El tiempo pregunta
por mis comezones
y yo desnudo los síntomas,
un narcótico remolino
recorre mi cráneo.
El placer se escurre
entre mis dedos
y celebro un nuevo pulso:
dar palmadas a la arena
y mirarla hacerse cielo.





Fotografía de Marton Perlaki

PÁJAROS

No sé por qué pero me miran,
me cantan fuerte,
tengo que concederles la mirada.
Abro las fosas nasales
para demostrar que también
conozco de resonancias.
Ellos bambolean sus cogotes,
agujerean el aire con un mortero
de poses y perfiles mágicos.
Logramos entre muecas
olvidar un instante el nido
y balancear el pecho.





Karina Raponi
(Merlo, Buenos Aires, Argentina, 1972)
POETA/INGENIERA EN SISTEMAS
de Ronda politeístaEdiciones en Danza, 2017
Prólogo de Natalia Litvinova

16 de agosto de 2017

Diana Moncada, 3 poemas 3


Fotografía de Brooke Shaden


Soy un puñado de deseos en protesta.
Soy la marca del descenso al mar profundo.
La piel es vestidura que me pesa.
Los cabellos cubren lo que ya no deseo ocultar. 
Los muslos hacen erupción.
Las manos están borrachas de texturas obscenas. 
Los pies se van entregando
                          se van enterrando

                                         se van desarmando.



Fotografía de Anka Zhuravleva



VINE A PERDER

Vuelvo sobre la misma grieta como una máquina destartalada.
Vuelvo sobre el mismo error,
sobre la misma cacería de blancos espejos.

Vuelvo, aun sabiendo que la palabra me es sensualmente inútil,
aun sabiendo que no daré nunca con ningún maldito clavo
sabiendo que nada podré decir
sobre los lobos ahogados en la carroña de mi tedio.

Vine con el poema
-ciegamente-
a perder.




Fotografía de Amber Ortolano



¿Cuántas palabras ajenas
dormitan en mi lengua
a la espera de encontrar sus dueños?
Pobres palabras malheridas
              palabras infieles
                              palabras que soñaron con ser cuerpo
palabras que se alejaron de mí
                              y dejaron de ser mías





Diana Moncada
(Caracas, Venezuela, 1989)
Reside en Lima
POETA/PERIODISTA CULTURAL
para leer sus columnas en REVISTA PHILOS
para leer + en LA MAJA DESNUDA

11 de mayo de 2017

Judith Wright, 1 poema y 2 frases 2


Fotografía de Amber Ortolano

FUEGOS DE OTOÑO

Brotes de flores caducas se convierten en tallos en otoño,
llenan el jardín, requieren
la disciplina de las podadoras.
Atragantado exceso, caos de malas hierbas,
frío amargor que estrangula telas de raíces;

lo apilo todo en un gran túmulo,
quebrada rama que olvida flor y fruto,
tallo espinoso demasiado duro para pudrirse,
os amontono en una alta pila para un rito postrero.

Cuando las ramas están listas y el fósforo prende
vuestra muerte estalla como vida, vuestro brillo
corona y consume el año que acaba.
La podredumbre se transforma en deseo
que abrasa el puro aire ondulante
y la muerte se eleva como una oración.

Traducción de José Luis Fernández Castillo


Fotografía de Amber Ortolano


Como la poesía tiene un público tan escaso, se ha extendido la noción de que ha sobrevivido como un formato que viene de tiempos más primitivos, una forma de comunicación que las personas en la modernidad yo no necesitan. El hecho es que las personas modernas son algo así como la supervivencia de la poesía, que alguna vez formó e interpretó nuestro mundo a través del lenguaje y la imaginación creativa. Cuando la poesía se marchita dentro de nosotros, la mayor parte de la experiencia y la realidad se marchitan también; y cuando esto sucede, vivimos en un mundo desolado de hechos, no de verdades; un mundo en el cual casi no vale la pena vivir.

(extraído de: Vivir agradecidos)


Since poetry has so small an audience, the notion has begun to grow up that is a kind of survival from more primitive times, a form of communication no longer needed by modern man. The fact is, rather, that modern man is something like a survival of poetry, which once shaped and interpreted his world through language and the creative imagination. When poetry withers in us, the greater part of experience and reality wither too; and when this happens, we live in a desolate world of facts, not of truth – a world scarcely worth the trouble of living in.

(extraído de: Fieldnotes&Footnotes)


*

Fotografía de Harry Gruyaert

¿Qué te hace sentir? 
¿Qué te emociona?



Judith Wright 
(Armidale, 1915- Camberra, Australia, 2000)
POETA/AMBIENTALISTA
para leer + en GENIUS
y + en POR FUERTES Y FRONTERAS



8 de mayo de 2017

Carmen Camacho, Letra pequeña


Fotografía de Amber Ortolano
LETRA PEQUEÑA

Aborrecer el nido no es un dato 
que tenga en cuenta la tarjeta 
y que se las arreglen las alondras. 

Aníbal Núñez

Hay daños que no cubre el seguro
combinado del hogar, lo sé.
Las llamadas perdidas, por ejemplo,
las cartas rotas, la soga de seda,
la noche que hay detrás de los espejos,
esta plaga de cristales en el pecho.
La ablación de mi sed.

Así contraje la enfermedad de los jabones.

Por eso le quise, con todo mi hastío.
Contra la vida en vilo
fui hueco en su hueco, frío en la guantera,
materia inmóvil.
Dejé crecer las paredes de esta casa
conmigo dentro.

Pasaron siglos, siglos de reloj.

No abundaré en detalles, señorita.
Sólo diré que he arrancado la puerta de cuajo,
que he tenido la misericordia
de tirar al barro
el azúcar glasé,
que ahora me entra luz en la despensa.
Ya sé, tampoco contempla la póliza
el amor a terceros, el temporal de sol,
el tumulto en las calles ni el motín de la hormiga.

Pero este es un caso de delicadeza mayor.

Y yo sólo llamaba para decirle, amiga,
que me acabo de conceder
a todo riesgo
la incertidumbre de vivir
abierta de par en par.

(de La Mujer del Tiempo, Ediciones del 4 de agosto, 2011)

CLAUSOLA

Ci sono danni che non copre l'assicurazione
combinata sulla casa, lo so.
Le chiamate perse, per esempio,
le lettere strappate, la corda di seta,
la notte che c'è dietro gli specchi,
questa piaga di vetri nel petto.
L'ablazione della mia sete.

Così presi la malattia dei saponi.

Per questo l'amai, con tutto il mio disgusto.
Contro la vita inquieta
fui vuoto nel suo vuoto, freddo nel portaoggetti,
materia immobile.
Lasciai crescere le pareti di questa casa
con me dentro.

Passarono secoli, secoli d'orologio.

Non abbonderò in dettagli, signorina.
Dirò solo che ho strappato la porta dai cardini,
che ho avuto la misericordia
di gettare nel fango
lo zucchero a velo,
che adesso entra luce nella mia dispensa.
Lo so, la polizza nemmeno contempla
l'amore verso terzi, il temporale di sole,
il tumulto nelle strade né la rivolta della formica.

Ma questo è un caso di delicatezza maggiore.

io chiamavo solo per dirle, amica,
che ho finito per concedermi
con tutti i rischi
l'incertezza di vivere
completamente spalancata.

selección de Alessandro Drenaggi, Lorenzo Mari y Luca Salvi, Thauma Edizioni, 2013)





Carmen Camacho 
(Alcaudete, Jaén, España, 1976)
Reside en Sevilla
para leer MÁS y MÁS
su BLOG

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