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7 de julio de 2016

Dolors Miquel, 2 poemas 2


Fotografía de Leanne Surfleet



EL PARAÍSO

 Si un hombre cruzase el paraíso en un sueño y
le diesen una flor como prueba de que había
estado allí y al despertarse encontrase aquella flor en
su mano…, entonces, qué?
Coleridge

Atravesé el paraíso en un sueño
y me dieron esa flor.
La flor estaba allí cuando me desperté,
encima de las sábanas. Era bellísima.
Se la enseñé a mi madre
que vivía encerrada en el corazón de un alcaucil,
hilando la seda de sus ojos, trabajándola
en unos maravillosos sudarios de mil colores.
He estado en el paraíso, madre –le dije.
Y ella sacó del bolsillo
una flor seca, igual, idéntica.
Y entonces supe
que no era suficiente
llegar a ningún paraíso.



EL PARADÍS

        Si un home travessés el Paradís en un somni i
          li donessin una flor com a prova que hi havia
          estat i si en despertar trobés aquella flor a la
          seva mà... Llavors, què?
                                                        Coleridge

Vaig travessar el paradís en un somni
i em van donar una flor.
La flor era allí quan em vaig despertar,
a sobre els llençols. Era bellíssima.
L’hi vaig ensenyar a ma mare
que vivia tancada al cor d’una carxofera,
filant-se la seda dels ulls, treballant-la
en uns meravellosos sudaris de mil colors.
He estat al paradís, mare –li vaig dir.
I ella es va treure de la butxaca
una flor seca, igual, idèntica.
Vaig saber aleshores
que no n’hi havia prou
d’haver estat al paradís.

(de La flor invisibleAlzira, Bromera, 2011)




Fotografía de Alex Currie


EL CIELO FUMADOR

El cielo camina como un hombre solo
con las manos en los bolsillos
feliz de no ser incordiado por ninguna mujer
por ningún hijo, por ninguna palabra.
Ei! El cielo camina
con la colilla colgando de su boca
y yo le digo: macho maloliente
no me tires la ceniza encima,
aunque no te lo creas
he cumplido ya los 37,
me llamo Dolors Miquel
y, para que lo sepas,
he sido la Virgen del Portal de Belén
y he tenido que aguantar
la historieta del Espíritu Santo
que de noche ronda la tribu
con la bragueta desabrochada.
Tengo la regla.
Que sabrás, tu, de la regla, macho etéreo?
Se necesitaría que llovieses sangre
y que este hecho no fuese ninguna metáfora
de patriarca aburrido en medio de la polvareda
de cabras de pechos fláccidos, en el desierto.
Se necesitaría que te pusieses cada mes
                                            una compresa
allí donde la luna
se convierte en coágulo y menstrua
negra.
Qué sabrás tu del dolor de los meses, macho infeliz,
   si sólo llueves agua,
qué sabrás de las abejas que obstruyen
                                                   la cañería
del dolor de cabeza de la chimenea
                                        que escupe humo
y grita sin voz para que vengan las madres
con las viejas recetas de hierbas
                           de las ancianas de la tribu?
Adolescentes retorciéndose
cruzan los siglos en canoas indias
hacia la fuente
de las aguas impuras,
mujeres abriéndose las entrañas
con el puñal del amor
en larga cadena abdominal
madre-hija-madre-hija-madre.
Así que aparta
ese andar fatuo
de hombre engordado por el puchero
de la suegra y de la esposa.
Y ponte el San Martín
cuando yo paso,
y apaga la colilla!




Dolors Miquel Abellà  
(Lérida, España, 1960)
para leer más en: UNO Y CERO EDICIONES
para escucharla en: POETÀRIUM
su BLOG

17 de marzo de 2016

Thelma Nava, 3 poemas 3


Obra de Ed Fairburn
CANCIÓN DE AMOR I

Tu cuerpo viene a mi encuentro
Arde
La paz está pendiente de un comunicado
Mientras tú y yo en la noche
Solos
Desnudos
Inauguramos ritualmente
Las ceremonias del amor
En este tiempo que será futuro. 




Fotografía de Leanne Surfleet


PETICIÓN

Deja que mi rodilla te ame
igual que mi boca
igual que el resto de mi cuerpo






Obra de Sara Riches

LA DICTADURA DEL PLACER

Dialécticamente
nuestros cuerpos
se corresponden
dialogan
se incendian
y emergen ávidos   
entrelazados
en amorosa
praxis 

LA DITTATURA DEL PIACERE

Dialetticamente
i nostri corpi
si corrispondono
dialogano
s’incendiano
ed emergono avidi
uniti
nell’amorosa
prassi




Thelma Nava 
(Ciudad de México, México, 1932 - 2019)
para leer una entrevista en LA JORNADA
para leer + en MATERIAL DE LECTURA - UNAM
y MÁS

8 de marzo de 2016

Gabeba Baderoon, Viejas fotografías


Fotografía de Leanne Surfleet
VIEJAS FOTOGRAFÍAS

En mi escritorio tengo una fotografía tuya
tomada por la mujer que te amaba entonces.

En otras fotos su sombra se adivina
en primer plano. En esta
su cuerpo no está muy lejos del tuyo.

¿Hiciste ese gesto
porque a ella le gustaba?

Ella no es invisible, ni
mi enemiga, ni siquiera el pasado.
Creo que amo las cosas que ella amó antes.

De todas tus viejas fotografías, prefiero esta
porque me gusta tu gesto. Creo
que estabas a punto de girar la cabeza
y tus ojos miran un poco hacia un lado.

¿Estabas comenzando a irte?

OLD PHOTOGRAPHS

On my desk is a photograph of you

taken by the woman who loved you then.


In some photos her shadow falls
in the foreground. In this one,
her body is not that far from yours.

Did you hold your head that way
because she loved it?

She is not invisible, not
my enemy,
nor even the past.
I think
I love the things she loved.

Of all your old photographs, I wanted
this one for its becoming. I think
you were starting
to turn your head a little,
your eyes looking slightly to the side.

Was this the beginning of leaving?


A Hundred Silences, Kwela Books, Cape Town, 2008



Gabeba Baderoon 
(Port Elizabeth, Sudáfrica, 1969)
de A Hundred Silences, Kwela Books, Cape Town, 2008
en So Much Things to Say: 100 Poets from the First Ten Years of the Calabash
editado por Kwame Dawes y Colin Channer, 2010
Traducción de Martín López-Vega
para leer + en EL CULTURAL
su WEB

6 de marzo de 2016

Silvia Álvarez, La sopa estaba fría...


Fotografía de Leanne Surfleet
La sopa estaba fría
o el mate demasiado caliente
no me acuerdo
pero fueron gritos
como ecos
retumbando en el bosque
(yo salí corriendo hacia el bosque)
que no era más
que un pedazo de tierra con nogales
florcitas violetas en el piso
pisé
pisaba
suerte que no hubo
griterío por la noche
dormí acurrucada a mi muñeca blanca
linternita
pensando en las florcitas
(violetas se llamaban)
que crecían bajo los nogales
no podían dormir
los perros ladraban
y había gemidos
como reconocimientos huraños
matadores
por la mañana corrí al bosque que ya dije
no lo era a desarrugar
las violetas
que había aplastado con mis pies de skipi blanca
y vi el cartel
todavía me acuerdo
que decía: no hay reconstrucción la rueda gira
hacia delante nunca hacia atrás
y me fui corriendo a agarrar bien fuerte la rueda
que había de adorno en el patio
toqué sus rayos
la afirmé contra la tierra
me subí me fregué sobre ella
jugué a que mi cuerpo se ensanchaba y se hacía rueda
y lo vi
juro que lo vi a mi cuerpo
hecho rueda que gira
siempre hacia delante
y a la noche
la sábana no me podía contener de tanto que giraba
y mis patitas peludas y flacas sobresalían
por debajo tomaban frío
se enfermaban
y no pude correr al bosque
porque además era invierno
y en la casa se estaba a salvo
de esas inclemencias
y te vi
juro que te vi
en aquellos días en que me tuvieron guardada
enseñándome de nuevo a caminar
por la casa
llena de agujeros
cuando volví
las violetas se habían secado
y era primavera
ahí supe
que las violetas no florecen en primavera
no en aquella de 1966
y esa noche en mi cama
hubo un revoltijo muy grande
porque la sopa o el mate habían estado fríos o calientes
(de eso no me acuerdo)
y hubo gritos
sordos
que no me dejan dormir
                                 




Silvia Álvarez 
(Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina, 1956)
de Déjala correr, déjala correr, Último Reino, Buenos Aires, 1987
en Poetas Argentinas (1940-1960), Ediciones del Dock, 2006
Selección y prólogo de Irene Gruss
para leer + en JORNAL DE POESÍA
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