Mostrando entradas con la etiqueta gabriela bejerman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gabriela bejerman. Mostrar todas las entradas

11 de agosto de 2020

Gabriela Bejerman, No esperar que alguien me quiera y me comprenda sino yo (+2)



Ilustración de Laura Breiling

NO ESPERAR QUE ALGUIEN ME QUIERA Y ME COMPRENDA SINO YO

no soy parte de mi tiempo
no respondo a la temporalidad
no pertenezco a un movimiento
ni a un grupo de artistas
no soporto más el cinismo ni la ironía
no me quieren unos ni otros porque no me porto bien
porque no me hago parte
porque no cumplo con los deberes del pertenecer
y entonces con qué derecho anhelo su afecto, su comprensión?
acaso espero que me acepten, me palmeen y comprendan
sin dejos de desprecio, vanidad o soberbia?
es imposible, ni yo misma puedo dejar de ser aquello que rechazo
no quiero ir a fiestas
quiero despertarme muy temprano y escuchar el silencio relleno de pájaros
no quiero tomar alcohol, quiero tomar mate
no quiero tomar merca, quiero tomar agua mineral natural (no fría)
no quiero preocuparme por faltar a los eventos
no me gustan sentirme paranoica en los eventos
no me gusta meter la pata en público
no tengo cultura general
vivo en un mar vacío donde todo nace por primera vez a cada instante
me cuesta aceptarlo, quisiera manejar nombres de artistas famosos, escritores, actores de películas, fechas históricas importantes, etc., pero no
hace tiempo lo acepté
me queda trabajar el presente
soltar toda esta carga de “no” al pedo
porque tengo: un montón de plantas que sonríen
palabras que bailan en el viento del poema
una paz amorosa que me doy a mí misma
una persona tranquila y que me hace reír que me tiene una santa paciencia
tengo un cuerpo que me dice lo que necesita (mañanas y agua mineral y estirarse)
tengo: ganas de estudiar canciones sin palabras y otras obras para piano
tengo el placer de leer –no puedo leer sin él, si no largo el libro -
tengo algunas personas que me quieren
tengo unas manos que masajean bastante bien
tengo la libertad de ser yo entonces
¿por qué esforzarme para que otros me acepten?
¿por qué ponerme mal por un llamado telefónico de alguien resentido que sutilmente se la agarra conmigo?
¿por qué esperar que alguien que tiene ese dolor adentro, tapado con capas de soberbio desdén por el mundo, me trate con la suavidad de un ser querido?
¿por qué no mejor amarlo yo y soltar ese raspón que me dio su llamado?
¿por qué no dejar de preferir que no haya llamado y mejor decirme: soy capaz de quererlo así y de sentir por debajo de todo eso el cariño que esa persona siente por mí aunque no se dé cuenta ni lo exprese en este instante?
¿y cuál es mi propio cariño hacia mí, más allá del Zeitgeist del que nunca formé parte?
¿por qué no comprender mi desconcierto y mi espanto?
¿por qué no acariciarme y permitirme lo que hay de mí para ser, 
para dar y no esperar que alguien más me comprenda?

de HeroínaMansalva, 2014

B O N U S  T R A C K (x2)




Ilustración de Laura Breiling



(...) Estoy lista para esta ceremonia,
cuento con mi capacidad de trasformarlo
todo,
aunque todo persista.
persisten las palabras,
manejan, vuelcan,
se enredan en el sueño y perecen. (...)

Fragmento del poema Putina, de Alga, Siesta, 1999



Ilustración de Laura Breiling

DESPERTAR EN UN PAPEL VOLANDO

soñé con vos
tenía las manos llenas de arena caliente
estuve mucho tiempo quieta al sol
esperando tomar agua adentro de tu boca
la temperatura del mar se abría y lo compartimos
un corazón de terciopelo
exquisito y rápido, transparente,
sin pensar escribo tu nombre entre las nubes
y mis palabras favoritas:
viento, viajar, volver a vernos





Ph Catalina Bartolomé
Gabriela Bejerman 
(Buenos Aires, Argentina, 1973)
POETA/NARRADORA/CANTANTE/TRADUCTORA
para leer 6 poemas traducidos al portugués en PONTES OUTRAS
para leer una entrevista en INFOBAE
+ en OP.CIT.POESÍA
+ en Suplemento Soy, PÁGINA 12
en WIKIPEDIA
su BLOG

13 de octubre de 2011

Dorothy Parker, Una llamada telefónica


Fotografía de Erin Jane Nelson

UNA LLAMADA TELEFÓNICA

POR FAVOR, Dios, hacé que me llame ahora. Querido Dios, hacé que llame ahora. No voy a pedirte nada más, de verdad que no. No es mucho lo que pido. Sería tan poquito para Vos, Dios, una cosita tan chiquita. Sólo hacé que me llame ahora. Por favor, Dios. Por favor, por favor, por favor.

Si no pensara en eso, tal vez el teléfono sonaría. A veces pasa. Si pudiera pensar en otra cosa. Si pudiera pensar en otra cosa. Seguro que si cuento quinientos de a cinco suena. Voy a contar despacio. No voy a hacer trampa. Y si suena cuando llego a trescientos, no voy a parar; no voy a atender hasta que llegue a quinientos. Cinco, diez, quince, veinte, veinticinco, treinta, treinta y cinco, cuarenta, cuarenta y cinco, cincuenta… Ay, por favor soná. Por favor.

Ésta es la última vez que miro el reloj. No voy a volver a mirarlo. Son las siete y diez. Dijo que iba a llamar a las cinco. “Te llamo a las cinco, querida.” Creo que fue ahí que dijo “querida”. Estoy casi segura de que fue ahí. Sé que me dijo “querida” dos veces, y la otra vez fue cuando dijo chau. “Chau, querida.” Estaba ocupado, no podía decir mucho en la oficina, pero me dijo “querida” dos veces. No puede haberle molestado que lo llamara. Ya sé que no tenés que andar llamándolos, ya sé que no les gusta. Cuando lo hacés, ellos saben que estás pensando en ellos, que los deseás, y eso los hace odiarte. Pero no había hablado con él en tres días, ¡tres días! Y lo único que hice fue preguntarle cómo andaba, lo mismo que hubiera hecho cualquier persona que llama. No pudo haberle molestado. No puede haber pensado que lo estaba molestando. “No, obvio que no”, dijo. Y dijo que me llamaba. No tenía por qué decirlo. Yo no se lo pedí, en serio. Estoy segura de que no. No creo que haya dicho que me iba a llamar para que después no llame. Por favor no lo dejes hacer eso, Dios. Por favor, no.

“Te llamo a las cinco, querida.” “Chau, querida.” Estaba ocupado, estaba apurado, había un montón de gente a su alrededor, pero me dijo “querida” dos veces. Eso es mío, mío. Tengo eso aunque no lo vea nunca más. Ay, pero es tan poquito. No es suficiente. Nada es suficiente si no lo vuelvo a ver. Por favor hacé que vuelva a verlo, Dios. Por favor, tengo tantas ganas de verlo.  Tantas ganas de verlo. Voy a ser buena, Dios. Voy a tratar de ser mejor, en serio, si me dejás verlo de nuevo. Si dejás que me llame ahora. Dios, hacé que me llame ahora.

Ay, no dejes que mi súplica te parezca demasiado poco, Dios. Estás ahí sentado, tan blanco y viejo, con todos esos ángeles alrededor y las estrellas deslizándose. Y vengo yo con mi súplica de una llamada telefónica. Ay, no te rías, Dios. Vos no sabés cómo se siente, ¿viste? Estás tan seguro, ahí en Tu trono, con el azul dando vueltas debajo de Vos. Nada puede tocarte, nadie puede retorcerte el corazón con sus manos. Esto es sufrir, Dios, esto es horrible, horrible sufrimiento. ¿No vas a ayudarme? Por Tu Hijo, ayudame. Vos dijiste que harías lo que sea si se pide en Tu nombre o en el Suyo. Ay, Dios, en el nombre de Tu único y amado Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, hacé que me llame ahora.

Tengo que parar. No puedo ser así. Mirá. Supongamos que un tipo dice que va a llamar a una chica, y entonces algo pasa y él no lo hace. No es tan terrible, ¿no? Está pasando en todo el mundo en este mismo instante. Ay, ¿qué me importa lo que está pasando el mundo? ¿Por qué no puede sonar ese teléfono? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿No podría sonar? Ay, por favor, ¿no podrías? Maldita, asquerosa cosa brillante. No te dolería sonar, ¿no? Ay, te dolería. Maldito, voy a arrancarte de tus inmundas raíces de la pared, voy a romper tu cara negra y arrogante en pedacitos. Maldito seas.

No, no, no. Tengo que parar. Tengo que pensar en otra cosa. Esto es lo que voy a hacer. Voy a poner el reloj en el otro cuarto. Así no lo puedo ver. Si realmente quiero mirarlo, tendré que caminar hasta el cuarto, y eso ya va a ser estar haciendo algo. Tal vez, antes de que lo mire de nuevo, él me llame. Voy a ser tan dulce si me llama. Si dice que no puede verme esta noche, voy a decir: “No importa, querido. ¡No hay problema!” Voy a ser como fui con él la primera vez. Tal vez así le guste de vuelta. Al principio era dulce todo el tiempo. Ay, es tan fácil ser dulce antes de enamorarte.

Yo creo que él todavía debe gustar de mí un poquito. No me hubiera dicho “querida” dos veces hoy si no gustara de mí un poquito todavía. Entonces no terminó todo, si todavía gusta de mí aunque sea un poquito, un poquitito. Mirá, Dios, si hacés que me llame, no tendría que hacerte todas estas preguntas. Sería dulce con él, alegre, como era antes, y él me querría otra vez. Y entones no tendría que pedirte nada más. ¿Ves, Dios? Así que por favor hacé que me llame ahora, ¿sí? Por favor, por favor, ¡por favor!

¿Estás castigándome, Dios, porque fui mala? ¿Estás enojado conmigo porque hice eso? Ay, pero, Dios, hay tanta gente mala. No podrías ser así de duro sólo conmigo. Y no fue tan malo, podría haber sido peor. No lastimamos a nadie, Dios. Las cosas son malas cuando uno hace daño. Nosotros no lastimamos a nadie, Vos lo sabés. Vos sabés que no fue tan malo, ¿no, Dios? ¿Y entonces por qué no dejás que me llame ahora?

Si no me llama, entonces voy a saber que Dios está enojado conmigo. Voy a contar quinientos de cinco en cinco, y si entonces no me llama voy a saber que Dios no me va a ayudar nunca más. Ésa va a ser la señal. Cinco, diez, quince, veinte, veinticinco, treinta, treinta y cinco, cuarenta, cuarenta y cinco, cincuenta, cincuenta y cinco… Estuvo mal. Yo sabía que estaba mal. Está bien, Dios, mandame al infierno. Pensás que me estás asustando con Tu infierno, ¿no? Eso pensás. Tu infierno es peor que el mío.

No puedo. No puedo hacer esto.  Supongamos que está un poquito atrasado con la llamada, no es para ponerse histérica. Tal vez no llame, tal vez está viniendo directo para acá sin llamar. Se va a enojar si ve que estuve llorando. No les gusta que llores. Él no llora. Le pediría a Dios que me permita hacerlo llorar. Me encantaría hacerlo llorar y patalear y que sienta su corazón grande y pesado inflamándose por dentro. Me encantaría lastimarlo con todas mis fuerzas.
En cambio él no quiere hacerme lo mismo a mí. No creo que sepa siquiera lo que me hace sentir. Ojalá supiera, sin que yo se lo dijera. No les gusta que les digas que te hicieron llorar. No les gusta que les digas que sos infeliz por su culpa. Si lo hacés, piensan que sos posesiva y demandante. Y te odian. Te odian apenas decís lo que realmente pensás. Siempre tenés que andar con jueguitos. Ay, yo pensaba que no, yo creía que esto era tan grande que iba a poder decir lo que quería. Supongo que nunca podés. Supongo que no hay nada tan grande como para eso. Ellos odian a la gente triste. Yo sería tan dulce y alegre, y entonces no podría evitar gustar de mí. Si sólo me llamara. Si sólo me llamara.

Tal vez es eso lo que está haciendo. Tal vez está viniendo para acá sin llamar. Tal vez ya está en camino. Algo pudo haberle pasado. No, nada pudo haberle pasado. No puedo imaginarme que le pase nada. Nunca me lo imagino atropellado. Nunca me lo imagino acostado, largo y quieto y muerto. Ojalá estuviera muerto. Es un deseo terrible. Un deseo encantador. Si estuviera muerto, sería mío. Si estuviera muerto, no pensaría en este momento ni en las últimas semanas. Sólo me acordaría de las cosas lindas. Todo sería hermoso. Ojalá estuviera muerto. Ojalá estuviera muerto, muerto, muerto.

Esto es tonto. Esto de andar deseando que la gente se muera sólo porque no llaman al minuto que dijeron que iban a hacerlo. Tal vez el reloj está adelantado, no sé si anda bien. Tal vez ni siquiera es tarde. Cualquier cosa pudo haberlo hecho retrasarse un poquito. Quizá tuvo que quedarse más tiempo en la oficina. Quizá se fue a su casa, para llamarme desde allá, y alguien llegó. No le gusta llamarme delante de la gente. Quizá está preocupado, sólo un poquito, un poquito, por hacerme esperar. Quizá incluso espera que yo lo llame. Y lo haría. Yo lo llamaría.

No debo. No debo, no debo. Ay, Dios, por favor no me dejes llamarlo. Por favor impedime hacer eso. Ya sé, Dios, tan bien como Vos sabés, que si estuviera preocupado por mí, me llamaría sin importar dónde está ni con cuánta gente. Por favor, Dios, haceme entender eso. No te pido que me lo hagas fácil, eso no podés hacerlo aunque sepas crear un mundo. Sólo hacémelo entender. No me hagas seguir esperando. No me dejes decirme palabras de consuelo. No me dejes tener esperanza, Dios. No me dejes.

No voy a llamarlo. Nunca más en mi vida voy a llamarlo. Puede pudrirse en el infierno que no lo voy a llamar. No tenés que darme fuerzas, Dios, yo tengo fuerza. Si él me quisiera, me buscaría. Él sabe dónde estoy. Sabe que estoy acá esperando. Está tan seguro de mí, tan seguro. Me pregunto por qué te odian apenas se sienten seguros de vos. A mí me parece que debe ser tan dulce sentirse seguro.


Sería tan fácil llamarlo. Y así lo sabría. Tal vez no sea algo tonto. Tal vez no le molestaría. Tal vez trató de llamarme. A veces la gente trata y trata de llamarte por teléfono y el número no contesta. No estoy diciendo esto para consolarme, realmente, son cosas que pasan. Alejame. Dejame tener todavía un poquitito de orgullo. Creo que voy a necesitarlo, Dios. Creo que realmente lo voy a necesitar.

Ay, ¿qué me importa el orgullo si no puedo soportar no hablar con él? El orgullo parece algo tan tonto, tan mezquino. El verdadero orgullo, el gran orgullo, es no tener orgullo. No digo esto sólo porque quiero llamarlo. No. En serio, ya sé que ésa es la verdad. Voy a ser grande. Voy a estar más allá de los pequeños orgullos.

Por favor, Dios, no me permitas llamarlo. Por favor, Dios.

No veo qué tiene que esto ver con el orgullo. Esto una cosita tan chiquita para estar trayendo el orgullo a colación, para hacer tanto alboroto. Tal vez entendí mal. Tal vez dijo que lo llame yo a las cinco. “Llamame a las cinco, querida.” Podría haber dicho eso perfectamente. Es muy posible que no haya escuchado bien. “Llamame a las cinco, querida.” Estoy casi segura de que eso fue lo que me dijo. Dios, no me dejes mentirme así. Haceme entender, por favor haceme entender.

Voy a pensar en otra cosa. Voy a sentarme callada. Tranquila. Si pudiera quedarme tranquila. Podría leer algo. Ay, todos los libros son de personas que se aman, sincera y dulcemente. ¿Para qué quieren escribir eso? ¿No ven que es mentira? ¿No saben que es una mentira, una maldita mentira? ¿Para qué tienen que andar diciendo todo eso si saben que duele? Malditos, malditos, malditos.

No. Voy a quedarme tranquila. Esto no es nada como para ponerse así. Mirá. Supongamos que es alguien que no conozco muy bien. Supongamos que él es otra chica. Entonces la llamaría y le diría: “pero, por Dios, ¿qué es lo que te pasó?” Eso es lo que haría, y ni siquiera lo pensaría. ¿Por qué no puedo ser natural sólo porque lo amo? Puedo serlo. Realmente, puedo. Voy a llamarlo, va a ser fácil y agradable. Vas a ver si no puedo, Dios. Ay, no me dejes llamarlo. No, no, no.

Dios, ¿realmente no me vas a dejar llamarlo? ¿Estás seguro, Dios? ¿No podrías ceder? ¿No podrías? Ni siquiera te pido que hagas que me llame ahora, Dios; sólo dejá que lo haga en un ratito. Voy a contar hasta quinientos de cinco en cinco. Voy a hacerlo lento y parejo. Si entonces no llama, lo llamo yo. Lo llamo. Ay, por favor, Dios, querido y dulce Dios, mi bendito Dios de las alturas, hacé que llame antes. Por favor, Dios. Por favor.

Cinco, diez, quince, veinte, veinticinco, treinta, treinta y cinco…

(1928)



Dorothy Parker 
(New Jersey, EE.UU., 1893-1967)
POETA/ESCRITORA/CRÍTICA  TEATRAL/HUMORISTA/GUIONISTA
Traducción de Gabriela Bejerman
para leer + en EMMA GUNST
y  MÁS

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...