EPÍLOGO
Creo que mi única forma satisfactoria de amar
es a través de las palabras.
O quizá, amar a las palabras,
hacer el amor a las palabras.
La mejor amante entre todas es la palabra
mullida donde recostar las heridas,
donde calmar el frío de los huesos.
La única que no traiciona.
La traicionada.
En la hora más ciega aparecen de súbito,
como la respuesta insospechada a una plegaria muda.
Son dulces y saladas, saben a promesas nunca prometidas.
Por eso nunca ofrecen:
son ellas las que se ofrecen.
Maltratadas, mancilladas, s u c u e r p o e l á s t i c o
r ec up er a al in sta nt e s u for ma p rim itiv a y eterna,
cantando la canción de las cicatrices olvidadas.
Sólo ellas me rescatan.
Las palabras.
En mi cabeza hay muchas cosas.
Unas tienen pelos, otras uñas
y hasta arañan. Otras tienen plumas,
incluso dientes, y una muela,
solo una, porque las otras las perdí
mordiendo los barrotes de la celda.
También hay sensaciones, que a lo mejor
son mas reales que los pelos y las muelas.
Perdón, la muela, se me olvida
Y es que duelen, el dolor del miembro
fantasma que dicen los científicos
Ah, se me olvidaba. Lo más importante
que hay en mi cabeza esta vacío. No son
ni cosas ni fantasmas. Son los agujeros.
Los que atraviesa el mundo
Por donde asoman pelos uñas plumas
Por donde baten arañan sueñan
Por los que escapan los fantasmas
Los agujeros de las balas.
Elvira Lozano
(Zaragoza, España, 1975)
POETA/LIBRERA/PERIODISTA