Si el título de la entrada fuese una pregunta respondería que con mucha paciencia, porque no sé quién me manda a mí meterme en estos berenjenales. Mi relación con el chocolate y con las tartas no es todo lo satisfactoria que yo quisiera. Pero cuando se me mete algo en la cabeza no paro hasta que saco adelante la idea. No sé qué opináis, pero trabajar con chocolate, aunque sea solo para hacer un simple huevo, es muy complicado. Aviso de antemano para no engañar a nadie... claro, que esto también depende de las habilidades que cada uno tenga. Supongo que solo es cuestión de ponerles ganas, empeño, técnica y esfuerzo. Pues prácticamente como todo...

Cuando vivía en Jerez jamás hice una mona de Pascua. Allí la Semana Santa tiene un gran peso en la sociedad, en general se vive muy intensamente, no en vano está declarada de Interés Turístico Nacional y procesionan casi 40 hermandades durante toda la semana. Sin duda alguna es un gran evento religioso, social y cultural para la ciudad. Sin embargo, bajo mi opinión, la costumbre de las monas de Pascua no está arraigada. A no ser que la cosa haya cambiado estos últimos años y yo ni me haya enterado, que con esto de la globalización todo cambia a un ritmo vertiginoso. Quizás ahora si ves huevos y conejos de chocolate por las tiendas y supermercados, con tal de consumir, las tradiciones pasan de un lugar a otro como si se tratase de una epidemia. Sin ir más lejos, mira Halloween, en el rincón más recóndito de España te encuentras a una familia comiendo unas salchichas envueltas en hojaldre cubiertas de kétchup que simbolizan los dedos de un muerto llenos de sangre. Así es la vida.

Sin embargo, aquí en Barcelona (Cataluña en general), la tradición de las monas de Pascua está muy enraizada y es una pasada ver en los escaparates de algunas pastelerías o chocolaterías las cosas tan bonitas que hacen. Maestros pasteleros y chocolateros que trabajan el chocolate de una manera sorprendente y consiguen hacer verdaderas joyas de arte compitiendo en originalidad. El Lunes de Pascua es fiesta y las familias se reúnen en torno a la mesa (las abstinencias propias de las fechas se han terminado) y los padrinos regalan la mona a los ahijados. Lógicamente esta tradición se da en otros lugares de España (también de Europa), he mirado la Wikipedia y dice que es popular en varias regiones como Murcia, Valencia, Galicia, Aragón... y otras más. Quizás la figura del huevo es la más extendida, bien de chocolate o cocido en un pastel, adornados con pollitos, muñequitos y plumas de colores. Tengo entendido que el huevo simboliza el inicio de la vida.
Curiosamente mi madre me ha contado muchas veces que cuando era pequeña, en Algodonales, un bonito pueblo blanco de la sierra de la provincia de Cádiz, su madre le hacía por Semana Santa un hornazo, que consistía en un huevo cocido teñido con algún color, sobre un cortadillo o galleta y adornado con unas "palomitas" (que llama ella) que su propia madre hacía tostando azúcar. A sus ochenta y pico de años mi madre tiene un vago recuerdo de este hornazo y luego de mayor en casa jamás le dio por hacerlo. Lo que nunca ha faltado en casa de mis padres por Semana Santa ha sido el arroz con leche.
En definitiva, que me estoy liando, lo que quería contar es que cuando me vine a vivir aquí a Cataluña esto de las monas de chocolate fue para mí fue todo un gran descubrimiento que me atrapó enseguida.
Así que algunos años me ha dado por hacer una mona y esta de hoy es la tercera que publico en el blog. Son sencillas, aunque siempre al menos siempre he intentado que sean vistosas. Si os interesa echar un vistazo las podéis encontrar en el
índice o picando en la palabra "
mona". Nada más ver la tableta de chocolate de Les Recettes de l'Atelier Naranja Confitada y la caja de Mikado Intense en mi caja de
Disfrutabox de este mes supe que había llegado el momento de hacer otra mona este año.
Cada mes os cuento qué productos y novedades encuentro en mi caja de
Disfrutabox y este, por supuesto, no iba a ser menos:
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Los ingredientes que vamos a necesitar para hacer esta mona casera de chocolate son los siguientes:
- 4 huevos
- 75 gramos de azúcar blanca
- 25 gramos de azúcar mascabado
- 80 gramos de harina
- 20 gramos de maicena
- Una cucharadita de azúcar de vainilla
- Unas gotitas de aroma de limón (suelo usar piel de limón rallado, pero el día que hice el bizcocho no tenía ningún limón en casa)
- 4 gramos de levadura química
- 2 tabletas de chocolate blanco fondant para postres
- 1 una tableta de chocolate negro fondant para postres
- 1 tableta de chocolate Les Recettes de l'Atelier Naranja Confitada Nestlé
- 1 caja de Mikados Intense
- Unas bolitas de chocolate para adornar
- Un bote de mermelada de naranja
Lo primero que hice fue el huevo de chocolate blanco. Para ello puse en un bol unas 4 onzas de chocolate blanco y las derretí en el microondas durante 30 segundos. Luego di 30 segundos más y finalicé con otros 15 segundos.
Una vez derretido el chocolate lo puse dentro de un par de dos moldes de plástico con forma de medio huevo. Cubrí toda la superficie, dejé escurrir el sobrante y dejé enfriar. Luego repetí la acción 2 veces más, con la idea de conseguir una capa más gruesa de chocolate y así obtener el huevo.
Una vez enfriado el chocolate desmoldé ambas partes del huevo con sumo cuidado, bastó que entrara un poco de aire para que se despegaran por completo de los moldes.
Luego derretí otro poquitín de chocolate, lo esparcí por los bordes de cada mitad del huevo para poder unirlos y hacer que este chocolate actuase como pegamento. Así obtuve el huevo.
Antes de este huevo intenté hacer otro a dos colores, con unos moldes que compramos expresamente de una marca muy conocida. Fue un auténtico fracaso. Costaba la vida desmoldarlos. Yo me encargué de una parte y terminé cargándomelo al primer intento. Mi mujer se encargó de desmoldar la otra parte y lo consiguió, pero con gran esfuerzo, y eso que son antiahderentes. El tema "fracasos en la cocina" daría para más de un post. Por eso decía al principio que no sé quién me manda meterme en estos líos.
Recuerdo que hace mucho leí que el chocolate no deberíamos ponerlo nunca en la picadora porque se quemaba al accionar las cuchillas. Realmente no sé que hay de cierto en esto, es muy probable que algún experto chocolatero diga que es así y que no deberíamos hacerlo.
Pero yo solo soy un simple bloguero aficionado a la cocina al que no se le ocurría otra forma de obtener la textura con la que quería cubrir el huevo más que poniendo la tableta de chocolate en la picadora. Y exactamente eso fue lo que hice. Con la idea de obtener unos granos de chocolate de diferentes tamaños. Así que dicho y hecho: puse la tableta de chocolate Les Recettes de l'Atelier Naranja Confitada Nestlé en la picadora y obtuve los granos de chocolate.
Luego derretí otro poco de chocolate blanco en el microondas, en intervalos de 30 segundos. Pinté con con chocolate derretido y la ayuda de un pincel de silicona el huevo y antes de que se secara el chocolate lo bañé con los granos que había obtenido tras la picada de la tableta. Dejé enfriar en la nevera unos minutos y así obtuve mi huevo.
Llegado el momento "habemus huevo", casi tan importante en casa como el momento "habemus papam" en el Vaticano, tocó pasar el control de calidad, o lo que es lo mismo: que mi mujer le diese el visto bueno:
- Media sonrisa significa "no me gusta mucho, a ver qué le digo yo a este hombre para que no se moleste"
- Un sonrisa sin gran esfuerzo: "está bien, se podría mejorar"
- Una gran sonrisa: "me gusta"
- Un grito con una gran expresión en la cara y en sus ojos: "qué chulo, me encanta"
"Es mono" me dijo cuando le ensené el huevo de chocolate. Diplomática que es ella. No olvidemos que lleva toda la vida viendo monas de Pascua. Digamos que pasó el control de calidad con un éxito relativo, me quedaba por delante la tarea de hacer algo más para adornarlo. Y ahí me encontré solo ante el huevo de chocolate, decidiendo si hacía un bizcocho y lo acoplaba o simplemente lo integraba en una tableta de chocolate adornándolo un poco. Uno a veces se piensa que ha hecho algo así importante como la Sagrada Familia y está bien que te hagan ver que tampoco es para tanto...
Y así me vi: yo, don indeciso, ante el huevo, pensando qué hacer con él, si ponerlo sobre unas placas de chocolate con alguna forma más o sobre un bizcocho. Como cuando lo hice estábamos a puertas del fin de semana, al final ganó la idea del bizcocho, así tendría los desayunos del fin de semana resueltos. Indeciso soy un rato pero siendo práctico nadie me gana.
El bizcocho lo hice de la siguiente manera:
En un bol puse las claras de huevo con los 80 gramos de azúcar blanco y lo batí enérgicamente.
Luego añadí las yemas y seguí batiendo.
Entonces incorporé el azúcar mascabado, el azúcar de vainilla y las gotas de aroma de limón.
Por otro lado puse en un bol la harina, la maicena y la levadura química, lo mezclé todo y lo tamicé sobre el bol con los huevos batidos junto a los azúcares. Seguí batiendo con cuidado e integré todos los ingredientes hasta obtener la masa.
La mitad de la masa la puse en un molde de silicona cuadrado tamaño 16,5 cm x 16,5 cm y la otra mitad sobre uno redondo de 13 cm de diámetro con la idea de jugar con las formas y las alturas.
Horneé durante unos 25 minutos aproximadamente a 160º, cuando comprobé con un palillo de madera que el bizcocho estaba cocido por dentro.
Saqué ambos bizcochos de los moldes y dejé enfriar. Luego los corté por la mitad y les puse una capa de mermelada a cada uno de ellos.

El siguiente paso consistió en poner un bizcocho encima del otro y decidir si lo cubría simplemente con chocolate o hacía una ganache. Así que de nuevo me vi ante otro dilema. Al final me decidí por de nuevo derretir chocolate y cubrirlos, sin hacer la ganache. Me gusta mucho la cobertura dura de chocolate en los bizcochos, ya lo he hecho en más de una ocasión.
Por cierto, pienso que si el bizcocho no vamos a tardar mucho en comerlo, como fue nuestro caso, está bien rellenarlo de mermelada, pero se me ocurre que, si vamos a tardar más de un día, quizás sería bueno emborracharlo un poco con algún tipo de almíbar, para que no quede reseco. Es solo una idea.
Así que derretí en el microondas de nuevo chocolate negro y cubrí el bizcocho cuadrado. Antes de que se solidificase el chocolate le puse más granos de la tableta de chocolate que había pasado por la picadora.
Por otro lado puse en otro bol chocolate blanco y también lo deshice, con la idea de cubrir el bizcocho redondo.
Luego puse el bizcocho redondo encima del cuadrado con mucho cuidado. Antes de que se secase el chocolate coloqué encima el huevo y unas bolitas de chocolate sobre la base del chocolate blanco del bizcocho
Terminé cortando unos Mikados por la mitad y poniéndolos alrededor del bizcocho redondo, clavándolos en el cuadrado.

Y por fin acabé la aventura de la mona. Mi mujer cuando la vio terminado puso una sonrisa de oreja a oreja y terminó dándole el visto bueno, sobre todo cuando la probó. Sonrisa de oreja a oreja es un aprobado bien alto.
Quedó muy rico con los diferentes tipos de chocolate, además la naranja con el chocolate negro hacen un matrimonio perfecto. Nos comimos solo los bizcochos, el huevo lo vamos a aprovechar para hacer otra mona esta semana. Llamadme cutre, pero es que esto del chocolate es muy complicado, oiga...
Espero que paséis unas buenas vacaciones de Semana Santa, a mí tened por seguro que no se me ocurrirá hacer otro huevo de Pascua estos días, demasiado estrés jajaja 😄😄😄😄 Pero que no parezca que no os anime a hacer la receta, todo lo contrario, es laboriosa pero al final el resultado merece la pena.